El 15 de agosto, Elvira Arellano debía entregarse a las autoridades federales para ser deportada. En lugar de ello, se refugió en la Iglesia Metodista Adalberto de un barrio latino de Chicago. Elvira dijo que permanecerá allí pese a que una jueza federal desestimó una demanda presentada a su nombre. La demanda contra el gobierno de Estados Unidos alegaba que la deportación de Elvira Arellano, de 31 años, significaría también la deportación de su hijo Saúl, un ciudadano estadounidense de siete años, un hecho que violaría los derechos del menor.