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10 de febrero de 2013 • 01:54 PM • actualizado a las 03:25 PM

Agresión en Acapulco: "He oído muchos detalles que preferiría no conocer"

Un grupo de turistas españolas fueron violadas en Acapulco.
Foto: EFE
 

La violencia en México ha cobrado la vida de más de 60.000 personas en seis años. El corresponsal de BBC Mundo en México, Will Grant, explica por qué ahora una nueva agresión en Acapulco conmocionó a muchos, especialmente en la comunidad extranjera.

La policía mexicana busca a los hombres armados que la semana pasada agredieron a un grupo de turistas españoles y a una mexicana -ataron a los varones y abusaron sexualmente de las mujeres- en una casa de playa que habían alquilado cerca del balneario de Acapulco.

Se trata de un hecho más de violencia en un país que ha atestiguado una alta cuota de conmoción ante la presencia del crimen organizado.

En poco más de seis años en el país han muerto más 60.000 personas como resultado del combate entre grupos criminales y el gobierno o como consecuencia de la violencia generalizada.

Muchas personas en México tienen una historia que contar respecto a algún amigo o familiar que ha sido víctima de la violencia.

Pero incluso en un país en el que la brutalidad está en las noticias con frecuencia, lo ocurrido en Acapulco ha conmocionado a muchos.

Creo que se debe a que la agresión se produjo en un viaje que es muy familiar para varias personas.

De hecho, el grupo no era exactamente de turistas sino que la mayoría eran jóvenes expatriados que buscaban un futuro mejor en México.

Como mucha gente en este país, los 13 amigos decidieron aprovechar el feriado prolongado de la Constitución para hacer una escapada a la playa.

Los jóvenes alquilaron una casa de playa cerca de Acapulco, en la playa Bonfil, una de las zonas costeras más cercanas a Ciudad de México donde se puede escapar del caos de la capital por unos días.

Más tarde, las imágenes de la cabaña donde se quedaron aparecieron en la prensa. De alguna manera, esas habitaciones resultaban muy familiares. El decorado setentero y las obras de arte baratas me recordaron al centenar de habitaciones de México y Centroamérica en las que me he quedado en los últimos años, en ocasiones en balnearios turísticos como ese.

Pero estas fotos mostraban los símbolos del sufrimiento -almohadas tiradas a un lado, colchones despojados de la ropa de cama, colillas de cigarrillo en el suelo donde las lanzaron los hombres armados mientras cometían sus agresiones.

Comunidad española en DF

Ciudad de México es enorme, pero la comunidad española aquí es relativamente pequeña.

Sólo hay unos 90.000 españoles en todo el país.

El año pasado conocí a uno de los jóvenes que estaban en la casa de playa de Acapulco aquella noche. Indefenso, con las manos atadas, vio el horror pasar por delante de sus ojos sin poder hacer nada para evitarlo.

Una amiga mía debía ir en ese viaje. Pero en el último minuto decidió quedarse en Ciudad de México porque tenía trabajo para el fin de semana. Esa decisión le salvó muy probablemente de vivir una experiencia de la que nunca se hubiera recuperado.

El grupo de amigos se relajaba en su cabaña un domingo por la noche cuando se desató el infierno.

Conozco más detalles de la historia, pero me gustaría no saberlos. He oído el relato de un horror que -tanto a mi como a otros que lo conocen- no nos deja dormir por la noche y ronda por nuestras mentes.

Uno sólo puede imaginarse lo que eso provoca en las personas que lo vivieron.

Acapulco se hizo famoso en los años 40 y 50 del siglo pasado cuando se convirtió en el lugar favorito para ir de vacaciones de muchas estrellas de Hollywood. Por ejemplo, el hotel que regentaba el protagonista de Tarzán, Johnny Weissmuller, era frecuentado por John Wayne, Errol Flynn, Cary Grant y Tyrone Power.

Más recientemente, con la intensificación de la denominada guerra contra las drogas, este balneario y las playas de los alrededores se consideraban generalmente seguras. En 2005, me alojé en una casa cerca de los acantilados de La Quebrada, donde se realizan los famosos clavados. Era en la época en la que estaba comenzando a ser una ciudad más violenta y yo me preguntaba por qué había tanto revuelo.

"Veo a México con ojos diferentes"

En otra ocasión, cuando unos amigos vinieron a visitarme, manejamos hacia el sur de la costa pacífica.

Por error, salimos de la autopista antes de llegar a Acapulco y llegamos a las montañas del estado de Guerrero. Así que, en lugar de dar la vuelta, nos pareció más sencillo seguir conduciendo. La carretera llegaría de nuevo a la costa y podríamos seguir por nuestro camino.

Cuando cayó la noche, nos dimos cuenta de que tal vez no había sido una buena idea.

Yo estaba al tanto de los carteles del narcotráfico que operan en Guerrero y controlan buena parte del tráfico de marihuana y meanfetamina. La idea de un grupo de extranjeros a los que de repente se les estropea el carro en uno de los baches de esas carreteras no me atraía en absoluto.

"¡Guau!, mira, ¿viste esa mansión al lado de la carretera?", me preguntó incrédulo mi amigo de Londres. "¿Qué hace en medio de todas esas chabolas?"

Lo que probablemente era una "narcomansión" pagada con el dinero de la droga era una señal suficiente para salir de esa carretera lo antes posible.

Nosotros tuvimos suerte. A las 9 de la noche estábamos de vuelta en la costa y llegamos sanos y salvos a un hotel al lado de la playa.

Nuestro hotel estaba algo más al sur de la cabaña donde se alojaron los españoles. No hay duda de que, como nosotros, los 12 turistas y la chica mexicana que los acompañaba se sentían seguros en la casa que habían alquilado.

Tampoco dudo que, como he hecho yo muchas veces, ellos también les dijeron a su familia y a sus amigos que por lo general las cosas en México no están tan mal y que los riesgos se ven peor desde fuera de lo que en realidad son.

En estos momentos, la comunidad española en México está conmocionada.

Dos días después del ataque, tomé una cerveza con mi amigo Jacobo, el corresponsal del diario español El Mundo.

Apenas había dormido y estaba a punto de viajar a Acapulco para hacer seguimiento de la historia. "Llevo aquí casi 11 años, pero hoy veo a México con ojos diferentes", me confesó.

 

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