Brasil

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25 de enero de 2013 • 08:51 AM

Ritmo de deforestación se estaría acelerando nuevamente en Amazonia brasileña

Vista áerea de una porción de selva tropical amazónica destruida por leñadores y granjeros, ago 17 2012. - Tras años de logros en la lucha contra la destrucción de la selva amazónica, Brasil estaría sufriendo un incremento de la deforestación por la entrada de agricultores, leñadores, mineros y constructores a un territorio previamente intacto, según datos compilados por el Gobierno y por investigadores independientes.
Foto: Nelson Feitosa / Reuters
 

Tras años de logros en la lucha contra la destrucción de la selva amazónica, Brasil estaría sufriendo un incremento de la deforestación por la entrada de agricultores, leñadores, mineros y constructores a un territorio previamente intacto, según datos compilados por el Gobierno y por investigadores independientes.

Imazon, un centro brasileño de investigación que rastrea la deforestación mediante el uso de imágenes satelitales, dijo en un reporte reciente que en diciembre la destrucción de la selva más extensa del mundo subió por cuarto mes consecutivo.

Según datos de Imazon, en los últimos cinco meses del 2012 la deforestación acumulada sumó 1.288 kilómetros cuadrados de tierras -equivalentes a la superficie de Los Angeles, California-, superando en más del doble el total de áreas deforestadas que detectó en el mismo lapso de 2011.

Datos preliminares de la agencia espacial de Brasil -que realiza sus propias estimaciones mensuales- también sugieren un incremento en la deforestación entre agosto y octubre, el último mes para el que ha entregado datos.

Los investigadores y funcionarios de Gobierno dicen que se requiere más información para confirmar que actualmente hay un giro de 180 grados en la que había sido una rebaja constante en la deforestación en los últimos años.

Entre otras variables, las nubes de la actual temporada de lluvias definitivamente afectan las imágenes. Datos adicionales podrían ayudar a esclarecer si las nuevos vacíos en la selva se deben a talas e incendios o si la disminución se produjo por motivos naturales.

Si el aumento de la deforestación se mantiene, se confirmarían los crecientes temores de científicos y de ecologistas de que los cambios en las políticas ambientales de Brasil, el aumento en las incursiones de empresas y los proyectos de infraestructura respaldados por el Gobierno están anulando los avances en la lucha para proteger a la región.

La selva del Amazonas posee casi un 12 por ciento de las reservas de agua dulce del planeta. Además es una importante fuente de oxígeno y alberga un número no determinado de plantas y especies animales.

"El contexto está listo para que la destrucción se intensifique", dijo Paulo Moutinho, director ejecutivo del Instituto de Investigación Ambiental de la Amazonía (IPAM, por su sigla en portugués).

"Está claro que fácilmente los niveles podrían seguir aumentando", agregó.

Funcionarios piden cautela y destacan que la tendencia de largo plazo es que haya progreso contra la deforestación.

"Es demasiado pronto para dar la alarma", dijo Francisco Oliveira, director de políticas contra la deforestación del Ministerio de Medio Ambiente de Brasil.

"Luego de que se desvanezcan las nubes aparecerá un cuadro más completo", añadió.

DESAFIO PARA LA CIENCIA

Muchos factores generan la deforestación.

Los leñadores y mineros por largo tiempo han explotado los minerales y la madera en una selva del tamaño de Europa Occidental.

A medida que Brasil se convertía en una potencia agrícola en las últimas décadas, los productores de soja, ganaderos y granjeros empezaron a despejar las tierras para su uso.

Además, están los esfuerzos por la aprovechar los ríos de la Amazonía y llenarla de plantas hidroeléctricas, un proceso que según críticos atrae a muchas personas a zonas que de otra forma estarían desiertas.

Hacer un seguimiento de la deforestación es un desafío para la ciencia, que depende de una combinación de datos satelitales y de reconocimiento en terreno.

El Gobierno de Brasil y científicos de Imazon, un instituto con fondos privados establecido en la ciudad amazónica de Belen, obtuvo evidencia preliminar a través de imágenes satelitales.

Los datos más concluyentes toman más tiempo en ser compilados y necesitan panoramas de mayor resolución, además de estudios en terreno de científicos e investigadores medioambientales.

El Gobierno publica un reporte anual en julio, cuando la región está en su punto más seco y las vistas aéreas son más claras.

Datos mostraron que la deforestación, hasta julio del 2012, había caído a mínimos históricos por cuarto año consecutivo, principalmente debido a una mejor implementación de las leyes medioambientales.

Un aumento registrado en el 2007, cuando los precios de las materias primas generaron una mayor demanda de terrenos para cultivos, fue moderada después de que el Gobierno introdujo multas más elevadas y bloqueó el crédito para los infractores.

En respuesta, los leñadores empezaron a realizar talas más pequeñas en sus esfuerzos por evadir las tomas satelitales.

Ahora los científicos y medioambientalistas advierten que los infractores están alentados por los cambios regulatorios, los altos precios globales de las exportaciones agrícolas y por las iniciativas de residentes locales que impulsan la actividad económica alrededor de las plantas hidroeléctricas y otros grandes proyectos industriales y de infraestructura.

"Vamos a ver muy pronto un incremento de la deforestación", advirtió el año pasado Marina Silva, una ex ministra del Medio Ambiente y activista de larga data en favor de la Amazonía, en una entrevista con Reuters.

Ella y otros críticos han fustigado al Gobierno de la presidenta Dilma Rousseff, cuya campaña para revivir la una vez floreciente economía de Brasil ha forjado cambios que los ambientalistas temen den rienda suelta a la destrucción.

Rousseff, por su parte, ha dicho que las políticas son tanto necesarias y ambientalmente sustentables.

Entre otros cambios regulatorios, Brasil a finales de 2011 otorgó a los funcionarios locales más autoridad sobre el cumplimiento de las leyes ambientales y en el proceso cerró muchos de los puestos donde los agentes forestales, sobre todo en la vasta y remota selva, representaban el único obstáculo para los delincuentes.

El año pasado, Brasil renovó su "código forestal", que contiene reglas de larga data para los tipos de bosques que deben ser preservados alrededor de los nuevos desarrollos.

Si bien el nuevo código en teoría sigue siendo estricto en la conservación, los críticos argumentan que la aplicación va a ser difícil porque ahora queda en manos de las autoridades locales.

Oliveira, el funcionario del Ministerio de Medio Ambiente, dijo que el Gobierno todavía pueden responder con rapidez. En lugar de confiar en bases fijas, fueron creadas nuevas unidades de agentes medioambientales en los últimos meses que pueden ser desplegadas cuando sea necesario, haciéndolas "más ágiles", explicó.

"Nuestros métodos y estrategias se están desarrollando", aseguró.

Sin embargo, los científicos temen que algunos de los daños puedan estar sucediendo frente a los ojos del Gobierno. Argumentan que represas respaldadas por el Gobierno, así como carreteras y minas, están acelerando un cambio porque abren caminos en franjas previamente aisladas de la Amazonía.

"Tienes a todos estos factores juntos haciendo mucho más fácil acceder a la selva", dijo Paulo Barreto, investigador de Imazon. Los números han subido muy rápido y "será difícil que las cifras anuales caigan", agregó.

(Reporte de Paulo Prada. Editado en español por Silene Ramírez)

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