Cuba

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05 de diciembre de 2013 • 12:47 PM

Televidentes cubanos se rinden ante los culebrones surcoreanos

 

Después de un reinado de tres décadas, las telenovelas brasileñas han encontrado en las de Corea del Sur un fuerte rival en Cuba, donde estos culebrones sirven de terapia para olvidar, al menos por una hora, los problemas cotidianos.

El boom de los "doramas" (dramas asiáticos) de Corea del Sur, que junto al cine y la música pop componen la denominada "ola coreana", estalló a comienzos de este año cuando la televisión cubana transmitió con gran éxito la teleserie "La reina de las esposas" (2009).

Le siguieron "Mi bella dama" y "Eres bella" (ambas de 2009), "Sueña sin límites (2011) y hace algunas semanas se estrenó "Jardín Secreto" (2010), pero otras 30 están circulando de mano en mano o de computador en computador por toda la isla.

"Son las que más estoy vendiendo en este minuto. Son fáciles de ver y muy divertidas", declaró a la AFP Yosmely Batista, de 21 años, que montó un negocio privado de venta de películas y telenovelas en la pequeña sala de su casa en el barrio de Centro Habana.

"¿Por qué han prendido tan fuerte, teniendo (cubanos y coreanos) idiosincrasias tan distintas? No lo sé. Fíjate que ellos apenas se besan", añadió Batista, que tiene a la venta 60 telenovelas, la mitad de factura latinoamericana (Brasil, Colombia, México), y la otra surcoreana.

Laura, una estudiante de 13 años, explicó a la AFP que tiene en su computador portátil "24 teleseries surcoreanas", de las cuales ha visto nueve, entre ellas "Los chicos son mejores que las flores" (2009), la más demandada entre sus amigos.

"Me encantan, son más cortas y muy refrescantes", resumió Laura.

Las telenovelas de Corea del Sur, que siguen un patrón melodramático similar al de los culebrones latinoamericanos, han mostrado un país desconocido a los cubanos, pues La Habana sólo tiene relaciones con Corea del Norte.

El actor y cantante surcoreano Yoon Sang Hyun, conocido en Cuba como el mayordomo Seo de "Mi Bella Dama", atribuyó el éxito internacional de las series de su país a que muestran "las relaciones de las personas en la vida real" e incluyen "algo de comedia, de drama, romance, pero sin dramatizarlo demasiado".

"Los coreanos y los cubanos tenemos muchas cosas en común", declaró en una reciente visita a la isla.

Sin embargo, las telenovelas brasileñas siguen teniendo muchos adeptos entre los cubanos, que se precian de ser los precursores del género, pues fue el cubano Félix B. Cagnet, autor de la famosa radionovela "El derecho de nacer" en los años 1940, quien fijó la estructura que luego tomó la televisión para sus culebrones.

"Las brasileñas son mejores y 'Avenida Brasil' me tiene atada a la tele", explicó Susana Suárez, un ama de casa de 64 años, que jamás se ha perdido un capítulo de ninguna de las teleseries de ese país desde que fueron transmitidas las primeras, "Malú" y "La esclava Isaura", a comienzos de los años 1980.

Además de "Jardín secreto" y "Avenida Brasil" (2012), considerada la más exitosa de todas las telenovelas brasileñas, la televisión cubana transmite otras dos: la argentina "Vidas robadas" (2008) y la cubana "Tierras de Fuego" (2013).

Como otros cubanos, Susana Suárez, que vive con una pensión mensual de ocho dólares, sostiene que las telenovelas son "una especie de terapia", pues "dejas de pensar en los problemas que tienes, al menos momentáneamente".

"Viéndolas te relajas, porque aquí vives casi todo el tiempo estresada", afirmó la mujer, que dedica "dos horas y medias diarias" a ver telenovelas.

En Cuba, "la gente prefiere hablar de la telenovela que de la cotidianeidad", dijo Yaima Rosaén, una editora de libros de 32 años.

La producción de telenovelas dio un vuelco con la revolución cubana en 1959, pues comenzaron a producirse series sobre clásicos universales y autores nacionales bajo la influencia del llamado "realismo socialista".

En medio de un debate sobre su legitimidad cultural e ideológica, la producción local de telenovelas fue retomada en la década de la década de 1980, pero nunca ha llegado al nivel que tenía en los años 1950, entre otras razones por las dificultades económicas.

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