
‘Una moneda pa’ un taco, por favor’, pide William Martínez en una esquina de Coacalco, en el estado de México, mientras su esposa de 21 años y su pequeño hijo lo miran sentados en el camellón del boulevard.
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El nicaragüense -uno de los 140,000 centroamericanos que cada año atraviesan el país rumbo al norte y son víctimas de robos, discriminación, malos tratos y hasta homicidio- habló con Terra sobre su calvario y contó las penurias que sufrió junto a su familia para cumplir con su sueño de llegar a Estados Unidos.
Su esposa, Liliana Ramos, y su pequeño hijo de dos años, esperan en el camellón mientras William trata de juntar unos pesos. Ella está sentada y muy atenta a los inquietos movimientos su hijo William Junior, pues los automóviles pasan a velocidades superiores a los 80 kilómetros por hora.
Los tres salieron un 20 de enero de 2013 del departamento de León, Nicaragua. Su camino por Centroamérica no representó mayor complicación pero el problema vino después. ‘Nomás pasas y ya, el problema es ya entrando en México, cruzando Chiapas te cuesta más”, le dijo Martínez a Terra.
No viajaban solos. Un amigo les hacía compañía pero al llegar al poblado de Arriaga en Chiapas, donde abordarían juntos ‘la Bestia’ –el tristemente célebre tren de carga usado por los centroamericanos que quieren llegar a Estados Unidos- , un robo a mano armada hizo que desistiera de seguir el camino a través de México
“Lo asaltaron a él y le pegaron dos cuchilladas en el cuello, tuvo miedo y se regresó”, dice William con resignación y enfado.
La familia Martínez no podía ni quería abandonar el sueño de cruzar la frontera y con más miedo que entusiasmo abordó ‘la Bestia’: “veníamos como con unos 1,500 dólares’, explica William. También llamado el ‘tren de la muerte’, ‘la Bestia’ recorre México de sur a norte y se ha convertido en el medio de transporte más accesible para los migrantes. Pero también en el más peligroso.
“A mí no me gusta andar en el tren porque vengo con ellos (su familia), me da mucho riesgo. Yo me vine sin dormir, venía al pendiente del niño y ella (su esposa), no dormí nada”, narra Martínez.
Dos días duró el viaje en tren ya que la barbarie a la que fueron testigos los hizo elegir otra forma de viaje: “En el (vagón) del medio mataron a uno con machetes, se subieron a asaltar y le pegaron con machetes”.
El robo a indocumentados a bordo de ‘la Bestia’ es el pan de cada día para los asaltantes y delincuentes. “Es gente mexicana, cubiertos de la cara, con machetes y cuchillos, con paliacates”.
La impunidad impera sobre los delitos que sufren los migrantes en México y, por el contrario, son ellos quienes muchas veces tienen que pagar los platos rotos por los delitos causados por los maleantes.
“En Oaxaca hubo un retén, bajaron a tres indocumentados que viajaban, les hicieron quitar la camisas y parecía como si los acusaran de haber matado al otro tipo la noche anterior”, explica Wiliam con un mueca de resignada ironía.
A partir de Tuxtepec, Oaxaca, la familia Martínez continuó nuevamente su viaje por las carreteras mexicanas, lo que afectó seriamente sus finanzas por costear los pasajes en bus y taxi. Pero no les importaba. Al tren de la muerte no regresarían.
Un poco de todo
Los ojos de Wiliam se tornan esquivos cuando tiene que dar su opinión sobre los mexicanos.
“Aquí la verdad hay gente buena. En México, cuando le pide uno ayuda para un taco, lo apoyan a uno… pero también hay gente mala, gente racista”, dice tras un breve titubeo.
Los lugares dispuestos para ayudar a los indocumentados no siempre son los más acogedores. Martínez narra su experiencia en la Casa del Migrante en Matías Romero, Oaxaca. “Un día nos dieron ahí, bien malo el señor ese de la casa. Dijo: ‘solo una vez y ya otra vez que vengan ya no los dejo entrar’; malo el hombre. En la mañana nos corrió, dijo que ya nos saliéramos”, dice William Martínez.
Sin embargo, se esfuerza por contrarrestar el feo episodio y agrega, casi al unísono con su esposa, que en Apan Hidalgo, una señora les ayudó, les dio de comer y los dejó quedarse en su casa. ‘Era una alma buena’.
Para William, ser indocumentado en México no es algo nuevo ya que ésta es la cuarta vez que intenta cruzar el país rumbo a el Norte. Carpintero y albañil de oficio, el hombre de 29 años ya sabe lo que significa sufrir el camino rumbo a Estados Unidos, pero también la recompensa que le espera, si es que llega.
Recordó que en el año 2000 decidió dejar su país y establecerse en Estados Unidos, donde vivió nueve años hasta que un accidente automovilístico lo descubrió ante las autoridades como indocumentado y terminó deportado.
“Lesioné a una gringa y estuve encerrado unos meses y ya de ahí me deportaron, lo perdí todo: tres carros y una casa que estaba pagando. Todo se lo queda el gobierno y ya no lo puedes recuperar nunca”, recordó Martínez.
En 2010 hizo dos intentos por regresar a Maryland, donde se había establecido durante casi una década y donde dejó a un hermano y una hija. Sin embargo, en ambas ocasiones fue deportado. La primera vez lo “agarraron” en Los Ángeles y la segunda en San Diego.
Varados
Varados en el Estado de México, la familia Martínez sabe que la frontera queda aún muy lejos. Quieren cruzar por Mexicali, en Baja California. William y Liliana alzan los ojos al cielo haciendo cuentas. Calculan que llevan unos 1,000 dólares gastados desde que salieron de Nicaragua y ya no tienen más.
“Ahora voy a ver cómo consigo algo de dinero para seguir adelante, para llegar a Querétaro”, señala William. “Mi hermano me va a pagar un coyote en la frontera. Por mi esposa y yo son 2,000 dólares cada uno, por el niño 3,000”.
Liliana Ramos está callada y muy tímida durante la entrevista con Terra. Pero no duda al afirmar que tienen mucha esperanza de llegar a Estados Unidos y que es lo mejor a pesar de los riesgos a los que se exponen, en especial por su pequeño hijo.
“Una de grande ya se sabe cuidar; a mi mamá no le pareció buena la idea porque me traía al niño, dijo que era muy peligroso. Pero yo vengo con él, mi esposo, y llegando a Estados Unidos, pues a trabajar y hacer algo, tener un futuro para él (su hijo)… pero cuesta llegar”, sentencia la joven.
William interrumpe: ‘Allá se gana bien. Yo ganaba 200 dólares diarios. Le pagan a uno bien, son puros gabachos”.
El drama de los centroamericanos
Las sanguinarias bandas criminales que acechan a los migrantes indocumentados en su paso por México han llegado a implementar casas de secuestro "móviles" y la crisis humanitaria que viven estos indocumentados se agravará en los próximos meses, según denunciaron Amnistía Internacional y organizaciones mexicanas.
Cada año, cerca de 140,000 hombres, mujeres y niños, principalmente centroamericanos, ingresan clandestinamente a México, donde a bordo de "La Bestia" buscan llegar a Estados Unidos para probar mejor suerte.
Según la Comisión Nacional de Derechos Humanos, 20,000 migrantes son secuestrados cada año en México para pedir rescate a sus familias, además de sufrir otras vejaciones como robos, agresiones sexuales, reclutamiento forzado en grupos del crimen organizado e incluso asesinatos.
"Creíamos que los secuestros masivos era una realidad que ya habíamos superado", dijo Leticia Gutiérrez, directora de la organización Scalabrinianas Misión de Migrantes y Refugiados, durante una conferencia de prensa que ofreció con Amnistía Internacional (AI) en Ciudad de México.
La religiosa explicó que el modo en que operan estos secuestros masivos sólo se ha modificado: "Antes estaban las casas de seguridad en tierra, donde llevan a los migrantes por días horas o meses hasta que la familia lograra pagar su liberación. Ahora han cambiado por un modo de 'casas de seguridad móviles', que son los vagones del mismo tren".
Por su parte, Daniel Zapico, de AI en México, manifestó su inquietud de que "esta crisis humanitaria que vive México va a empeorar en los próximos meses" y que la administración de Enrique Peña Nieto, que asumió el 1 de diciembre pasado, "no ha tomado hasta ahora ninguna medida para corregir el fracaso rotundo del gobierno anterior para hacer frente a esta crisis".
"El número de migrantes irregulares en su paso por México aumentó en 2012", dijo Zapico, citando cifras del Instituto Nacional de Migración, que registró 88,501 migrantes detenidos en 2012, contra 66,583 en 2011 y 70,102 en 2010.
Pese a estas oscuras cifras, los centroamericanos siguen pasando por México con la esperanza de llegar al norte en busca de una vida mejor. Como William. “La ventaja de allá es que si una semana se pone a trabajar uno, con eso se puede comprar un carro…”, dice William Martínez. “Es el único país donde trabajando se puede comprar lo que uno quiere… es un país libre”, finaliza.
Mientras, William no sabe cómo hará para llegar a la frontera ya que no tiene un peso. Pero ganas, le sobran.
- Cada año, cerca de 140,000 hombres, mujeres y niños, principalmente centroamericanos, ingresan clandestinamente a México, donde a bordo de un tren de carga conocido como "La Bestia" buscan llegar a Estados Unidos para probar mejor suerte. Pero lo que es un sueño para la mayoría, se convierte en una pesadilla. Foto: AP
- Miles de centroamericanos abordan 'La Bestia' apenas cruzan la frontera en Chiapas, México. No hay guardas, no se cobra boleto y cada pasejero vieja a su merced. Foto: AP
- Los miles de centroamericanos buscan una vida mejor en El Norte. Pero no saben lo que les espera. Foto: AP
- Bandas de maleantes acechan el tren, especialmente de noche, para robarles a los indocumentados el dinero que llevan para subsistir y para pagarles a los coyotes en la frontera del norte. Foto: AP
- La violencia es tal que muchas veces los indocumentados mueren a manos de los delincuentes que a diario se suben al tren en busca de sus víctimas. Foto: AP
- Nadie vigila a 'La Bestia', la cual cruza México de norte a sur. Foto: AP
- Muchos de quienes viajan en 'La Bestia', terminan secuestrados. Según la Comisión Nacional de Derechos Humanos, 20,000 migrantes son secuestrados cada año en México para pedir rescate a sus familias, además de sufrir otras vejaciones como robos, agresiones sexuales, reclutamiento forzado en grupos del crimen organizado e incluso asesinatos. Foto: AP
- El presbítero Alejandro Solalinde, Premio Nacional de Derechos Humanos 2012 por su defensa de los derechos de los migrantes, lamentó al margen del evento que Peña Nieto, quien le otorgó el premio, ahora se niegue a recibirlo para atender sus demandas de que se haga justicia a todos los migrantes que sufrieron abusos. Foto: AP
- El gobierno de Peña Nieto asegura que en el sexenio del gobierno anterior (2006-2012) hubo más de 70.000 muertos resultado de la ola de violencia ligada al crimen organizado, además de que hay reportes de 26,121 personas desaparecidas en distintas circunstancias. Foto: AP
