Paraguay

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25 de junio de 2012 • 05:17 AM

Errores de Lugo minaron frágil respaldo que tenía en Paraguay

El ex presidente paraguayo Fernando Lugo, centro, habla durante una conferencia de prensa realizada afuera de su casa en Lambare, en las afueras de Asunción, Paraguay, el domingo 24 de junio de 2012.
Foto: Jorge Sáenz / AP
 

La alianza legislativa que votó para la expulsión de Fernando Lugo de la presidencia de Paraguay fue una unión improbable entre los dos principales partidos políticos del país, rivales que por mucho tiempo han competido por el poder en el Congreso.

Aunque estuvo sujeto a una mortal persecución hace solo tres décadas, el Partido Liberal se unió con sus ex perseguidores, los colorados, la semana pasada para aprobar un juicio político que ha provocado amplia crítica por todo el Hemisferio Occidental. Lo que hizo eso posible fue otra tendencia política en este empobrecido país mediterráneo, el desencanto de cientos de miles de izquierdistas y pobres campesinos que habían formado la base política del presidente.

Muchos de los que otrora habían percibido al ex obispo como su paladín estaban cada vez más frustrados por sus desaciertos y escasos logros. La última decepción se produjo a principios de este mes, cuando Lugo demostró una evidente indiferencia por las muerte de manifestantes sin tierra en un enfrentamiento con la policía en una pugna por la propiedad de terrenos.

La última movida del juego tuvo lugar el viernes, cuando Lugo más necesitaba los tipos de protestas que hubieran podido presionar al Congreso a retroceder o quizás hubieran podido salvar su presidencia nunca se materializaron. En vez de ello, la Cámara de Diputados votó 76-1 a favor del juicio político el jueves, y el Senado ratificó la decisión con una votación de 39-4 después de un acelerado juicio al día siguiente.

"Lo que sucedió fue que en gran medida había alienada a todo el mundo, y la increíble mayoría en las votaciones en ambas cámaras son prueba de eso", señaló Greg Weeks, un experto en ciencias políticas de América Latina en la Universidad de Carolina del Sur, Charlotte.

"El fracaso de Lugo de mantener cualquier tipo de respaldo importante de parte de nadie significa que cuando sucedió, sucedió increíblemente rápido, no hubo un respaldo grande de ningún tipo", agregó Weeks. Lugo contrastó con las manifestaciones multitudinarias que ocurrieron para deponer a Hugo Chávez en Venezuela en el 2002 y a Manuel Zelaya en Honduras en el 2009.

"Básicamente Lugo provocó el enfado de todo el mundo", dijo Weeks.

Lugo, un obispo inspirado en la teología de la liberación, ganó unas elecciones históricas en el 2008 que puso fin a seis décadas de control del los colorados al formar una alianza entre el más conservador Partido Liberal y aliados izquierdistas.

De inmediato, Lugo alienó a sus nuevos aliados en el Congreso al darles sólo una representación simbólica en su gabinete. Poco después los liberales se quejaron que no se les consultaba en las decisiones importantes, tales como la respuesta a invasiones de haciendas por manifestantes sin tierra y una ofensiva del ejército contra el Ejército del Pueblo Paraguayo (EPP) una incipiente banda rebelde principalmente dedicada a los secuestros por pago de rescate.

La imagen pública de Lugo también se vio afectada por los juicios por paternidad presentados por cuatro mujeres, una de las cuales tenía 16 años cuando tuvo relaciones con Lugo, mientras era obispo en un remoto pueblo de la provincia de San Pedro. Lugo ha reconocido a dos de los niños, las prueba de ADN mostraron de que no era padre de uno y otro caso está pendiente.

Asimismo surgieron cuestionamientos sobre la salud y el nivel de energía de Lugo, de 61 años, cuando se reveló que tenía cáncer linfático. Recibió tratamiento en un importante hospital de Brasil y se le declaró en remisión, aunque aún necesitó tratamiento para mantener el cáncer controlado.

Mientras tanto, obstaculizado por una fuerte oposición y un escaso presupuesto, Lugo se esforzó por seguir adelante con su programa político a través de un tenaz Congreso. La lucha contra el EPP se esfumó después de unos cuantos arrestos de gran importancia, y la mayoría de las fuerzas fueron retiradas aún cuando los tres principales líderes seguían prófugos.

Quizás el punto más importante fue que Lugo no cumplió con las promesas de campaña para resolver la deplorable desigualdad en la distribución de la tierra en Paraguay.

"Nosotros siempre tuvimos una línea crítica hacia su gobierno por no desarrollar la reforma agraria y otras políticas públicas", dijo Luis Aguayo, el líder izquierdista de la principal organización de campesinos que cuenta con 60.000 miembros.

Aguayo calificó la destitución de Lugo como un golpe pero deliberadamente no movilizó a sus miembros a que le dieran respaldo al presidente la semana pasada.

En cambio, la dividida izquierda de Paraguay sólo logró reunir unos cuantos miles de manifestantes el jueves y el viernes, y una emotiva protesta con "micrófono abierto" frente a la estación de televisión pública después que se decidió la suerte de Lugo.

"Lugo se apoya mucho en los sectores sociales y populares, pero él no es Evo Morales para movilizar grandes masas de campesinos indígenas", destacó un analista político y columnista Alfredo Boccia Paz. "Si la izquierda hubiera logrado 50.000, 60.000 personas en la plaza, los senadores lo habrían pensado dos veces", agregó.

Entre los logros de Lugo figuran algunos, como el popular programa de pagos a familias pobres cuyos hijos están en la escuela. Lugo también negoció un acuerdo bajo el cual, Brasil pagará más del triple a Paraguay por la compra de energía en la represa de un río, de 120 millones de dólares a 360 millones de dólares.

Pero eso no fue suficiente para contrarrestar la indignación pública cuando estalló un enfrentamiento armado cuando la policía trataba de despejar una invasión campesina en unas tierras de una reserva forestal que pertenecían a un político del Partido Colorado. Los opositores de Lugo lo acusaron de no preocuparse por la muerte de seis policías y 11 campesinos sin tierra. Después que el ministro del Interior de Lugo y el jefe de policía renunciaron, él propuso que se nombrarán a aliados cercanos a los cargos.

Los liberales, siempre incómodos por la política izquierdista de Lugo, llegaron a su límite. El juicio político propuesto por los colorados navegó rápidamente en el Congreso en cuestión de horas, Lugo había sido destituido. La rapidez con la cual se le hizo juicio político a Lugo ha provocada una gran crítica a nivel regional.

Al fin y al cabo, la campaña para destituir a Lugo fue ideológica y su juicio político, mientras que cumplía con la Carta Magna, y no estaba de la mano con los principios democráticos, señaló Weeks.

"Era visto como demasiado radical por los partidos tradicionales, y conforme pasaba el tiempo sólo buscaban una excusa para deshacerse de él", agregó Weeks. "Entonces con la violencia del 15, creo que finalmente tuvieron el tipo de incidente que creyeron podría ser suficiente para iniciar audiencias para un juicio político", señaló.

Ahora, el inverosímil matrimonio parece que tendrá una corta luna de miel. El vicepresidente Federico Franco, un liberal que juró como presidente el viernes, no podrá constitucionalmente postularse una vez que concluya el mandato presidencial de Lugo y los políticos afilan sus cuchillos para la campaña del 2013.

"La alianza de liberales y colorados terminó cuando terminó el juicio", indicó Boccia Paz. Agregó que los colorados volverán su atención a debilitar a Franco. El es ahora su "principal enemigo", destacó.

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Los periodistas de Associated Press Belén Bogado y Pedro Servín en Asuncion contribuyeron a este despacho.

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Peter Orsi está en Twitter como www.twitter.com/Peter_Orsi

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