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Borrón y cuenta nueva 

Latinoamérica: ¿Diplomacia espectáculo?

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Milos Alcalay fue Embajador de Venezuela en Brasil, Rumania e Israel. Igualmente se desempeñó como representante permanente de Venezuela ante las Naciones Unidas y fue miembro de la misión de su país ante la Comunidad Europea en la Embajada de Venezuela en París. Alcalay ha escrito numerosos artículos sobre derechos humanos y su trayectoria en el área, lo convierten en un reconocido experto en temas diplomáticos.

Las relaciones Colombo venezolanas llegaron a su punto más bajo la semana anterior tras la incursión de Colombia en suelo ecuatoriano. ¿Qué opina de la reacción de la región?

Historia continua abajo

La Cumbre del Grupo de Río transcurrió dividida y debilitada. La polarización Colombo-Ecuatoriana impidió que los Mandatarios cumplieran con la agenda aprobada de concentrar esfuerzos en pro de la lucha contra la pobreza, contra el hambre, y los temas cruciales de nuestra región.

(…) Felizmente prevaleció una posición que es positiva porque se orienta al mantenimiento de la paz, y la prevención del conflicto. Desde ese punto de vista en la Cumbre de Rio aportó una solución ganar-ganar.

Pero es preocupante el silencio de los mandatarios en no condenar a las FARC, y no condenar ni al terrorismo, ni al narcotráfico. Ojalá que los Cancilleres el 17 de Marzo en la OEA asuman un papel que refleje una posición clara en contra de estos dos crímenes de lesa humanidad.

¿Cree que Hugo Chávez tuvo parte en la desestabilización de las relaciones entre Ecuador y Colombia?

No sólo tuvo parte, sino que la posición absolutamente radical que asumió Venezuela ante la crisis Colombo-Ecuatoriana al movilizar a diez batallones a la frontera colombiana, utilizar un lenguaje de insultos, ordenar el cierre de fronteras, la expulsión de todos los diplomáticos Colombianos de Venezuela, el cierre de la Embajada de Venezuela en Bogotá y traer a todos los diplomáticos venezolanos por lo acontecido en el Ecuador, obligó a que el Presidente Ecuatoriano tuviera que asumir una posición más radical que la inicialmente adoptada.

¿Qué opina de la ruptura de relaciones en el particular caso de Ecuador?

Puedo entender que la acción militar Colombiana en territorio Ecuatoriano tuviera una airada protesta del Ecuador condenando la acción realizada en su territorio, e inclusive un llamado a consultas al Embajador en Bogotá, y hasta acepto, que inicialmente se planteara la ruptura de relaciones diplomáticas.

Pero las disculpas inmediatas dadas por el Presidente Uribe en nombre del Gobierno Colombiano, el hecho de que se trató de una operación militar puntual contra un campamento narco-terrorista, el hecho de que se trató de una acción de legítima defensa contemplada en la Carta de la ONU, el hecho de que Colombia no ocupó el territorio, sino que terminada la acción contra las FARC concluyó su presencia en el territorio vecino, el hecho de que Colombia no atentara contra la población civil ecuatoriana.

Todo ello, debería haber tenido una mayor comprensión de parte de las autoridades Ecuatorianas.

¿Y con Nicaragua y Venezuela, fue una decisión extrema ó desde el punto de vista diplomático, necesaria?

Absolutamente extrema. Se trata de una alianza diplomática de países del ALBA (Alternativa Bolivariana Para los Pueblos de Nuestra América) en contra del Estado Colombiano y en reacción al golpe dado en contra de las FARC.

Llama sin embargo la atención la posición cautelosa, discreta y diplomática asumida por Cuba.

¿Qué consecuencias trae para la región este tipo de enfrentamientos?

Pésimo precedente. Y de manera muy especial el silencio de los Gobiernos de la región de no condenar al terrorismo y al narcotráfico.

En un documento suyo en donde hace algunas reflexiones de la Cumbre de Río, habla de un ‘final feliz’ de la Crisis andina, ¿cuál según su opinión, fue la razón tras los abrazos y la reconciliación entre los países, que horas antes, se encontraban casi al borde de una guerra?

Al señalar un “final feliz” lo hago en una doble perspectiva. Ciertamente reconociendo lo “feliz” de que al final se diera una solución pacífica a la controversia. Pero preocupado con lo improvisado del “borrón” dado a las denuncias.

(…) La razón de ese repentino cambio en la posición de Venezuela, seguramente se basó en el rechazo absoluto de más del 80% de Venezolanos de que se continuara con los tambores de guerra, de rechazo al cierre de fronteras que aumentó el desabastecimiento alimentario, y el riesgo de que en un conflicto bélico podría tener consecuencias desestabilizadoras para el Gobierno Bolivariano.

Terra USA/Erika Montoya

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