El 'monstruo' de Austria
La investigación sobre el austriaco Josef Fritzl precisó los rasgos de un individuo meticuloso y manipulador que no dejó nada de lado para prolongar el calvario de sus víctimas, llegando a amenazarlas con asfixiarlas con gas si intentaban algo contra él.
La policía trataba de determinar el jueves si un dispositivo de liberación de gases asfixiantes existía en el sótano de la casa de Amstetten en el cual Fritzl encerró durante 24 años y violó a su hija Elisabeth, que en ese periodo dio a luz a siete hijos, uno de los cuales falleció.
"Estamos verificando si realmente podía introducirse gas (en el sótano)", dijo a la AFP el portavoz de la policía anticriminal, Helmut Greiner.
Josef Fritzl dijo en sus primeras declaraciones que tenía previsto matar de esa manera a sus cautivos en caso de que estos intentaran algo que pudiera perjudicarlo.
Seis expertos y técnicos de la policía efectuaron verificaciones en el sótano de 60 metros cuadrados transformado en refugio antiatómico por el propio secuestrador, para saber si éste podía poner en práctica sus amenazas.
También buscaban determinar si el dispositivo electrónico de la puerta del refugio estaba programado para abrirse al cabo de cierto lapso, como lo afirmó Fritzl.
Los investigadores deberán esperar un tiempo antes de obtener testimonios directos de las víctimas -Elisabeth, de 42 años, tres niños que permanecían cautivos junto a ella y otros tres que habían sido adoptados por Josef Fritzl y su esposa Rosemarie- a causa de su estado físico.
Fritzl "bajaba todos los días a las siete de la mañana al sótano, diciendo que hacía planos de maquinaria para empresas", contó Christine R., hermana menor de Rosemarie, al diario Osterreich.
Christine R. confirmó además que su cuñado había sido condenado por violación a fines de los años 60 (la sentencia está actualmente borrada de su prontuario) y que tenía "cuatro hijos ilegítimos".
Terra/AFP
