Legalización drogas
El escritor colombiano y premio Nobel de Literatura 1982, Gabriel García Márquez, propuso legalizar las drogas ilícitas como un camino para acabar con la violencia que azota al país andino.
19/may/2003.- Así lo expresó el autor de "Cien años de soledad" en un documento titulado "La patria amada aunque distante" enviado desde México a la Universidad de Antioquia de Colombia, que cumple 200 años de su fundación.
AP"No es posible imaginar el fin de la violencia en Colombia sin la eliminación del narcotráfico, y no es imaginable el fin del narcotráfico sin la legalización de la droga, más próspera cada instante cuanto más prohibida", remarca "Gabo".
El presidente colombiano, Alvaro Uribe Vélez, invitado de honor a los actos de la Universidad de Antioquia prefirió no referirse al tema y sólo dijo "que era un tema muy controversial".
García Márquez lamentó la grave situación que viven los más de tres millones de desplazados en colombia que son víctimas de la violencia, violencia alimentada por dos negocios "sin corazón" como lo son el narcotráfico y la venta ilegal de armas".
Aseguró que los desplazados, a quienes llamó fugitivos de sí mismos, son los síntomas primarios del mar de fondo que "asfixia a Colombia. Dos países en uno, no sólo diferentes sino contrarios, en un mercado negro colosal que sustenta el comercio de las drogas para soñar en los Estados Unidos y Europa, y a fin de cuentas en el mundo entero".
Señaló que Colombia lleva cuatro décadas viviendo con toda clase de turbaciones del orden público, situación que ha absorbido "a más de una generación de marginados sin un modo de vivir distinto de la subversión o la delincuencia común.
Indicó que se ha llegado a un punto en que apenas "se nos permite sobrevivir, pero todavía quedan almas pueriles que miran hacia los Estados Unidos como un norte de salvación con la certidumbre de que en nuestro país se han agotado hasta los suspiros para morir en paz".
Remarcó "Gabo" que "lo que encuentran allá, es un imperio ciego que ya no considera a Colombia como un buen vecino, ni siquiera como un cómplice barato y confiable, sino como un espacio más para su voracidad imperial".
Aseguró que Colombia está aprendiendo a sobrevivir con una fe indestructible, cuyo mérito mayor es el de ser más fructífera cuanto más adversa.
Terra/EFE