
Quienes aceptaron optaron por donar una cantidad equivalente al coste de su consumición a organizaciones de caridad, por razones éticas.
La primera dama, Michelle Obama, también se desplazó a una hamburguesería para almorzar en una ocasión poco después de la investidura de su esposo.
Fuera de estas excursiones para consumir los emparedados de carne, los Obama tan sólo han acudido a otro restaurante, aunque el contraste con una hamburguesería no puede ser mayor.
En esa ocasión, el presidente, que había prometido a su esposa que intentaría mantener su costumbre de Chicago de salir a cenar fuera en citas románticas, llevó a la primera dama a uno de los restaurantes más exclusivos en Washington.
Pero es la frecuencia con la que últimamente el presidente sale a por una hamburguesa lo que ha suscitado la curiosidad de la prensa.
"¿Qué pasa, que el presidente no puede conseguir una hamburguesa decente en la Casa Blanca?", preguntó bromeando hoy un periodista en la rueda diaria del portavoz presidencial, Robert Gibbs.
Gibbs se vio obligado a defender el honor de los emparedados en la cantina de la Casa Blanca. "Las hamburguesas con queso de aquí son buenas" pero al presidente "le gusta salir de puertas afuera de vez en cuando".
La excursión de hoy, aseguró, se produjo "por el bien del apetito del comandante en jefe".
Terra USA/EFE