El primer presidente negro de Estados Unidos, Barack Obama, cerró el sábado su periplo a Moscú y la cumbre del G8 en Italia con una visita a Ghana en homenaje a ese país, uno de los raros ejemplos de democracia consolidada en Africa, y a los africanos a quienes la esclavitud obligó a "un viaje sin retorno".
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Obama y su esposa, Michelle, que es descendiente de esclavos, fueron acogidos el viernes por la noche, en el aeropuerto de Kotoka, en Accra, procedentes de Italia, por el presidente John Atta-Mills.
La pareja bajó del avión llevando de la mano a sus dos hijas, Malia y Sasha, de 10 y 8 años, respectivamente.
En la pista les recibieron los bailes y los tambores tradicionales ashantis. Inesperadamente, Obama y su familia se acercaron a saludar a los bailarines con naturalidad, creando una pequeña confusión entre los responsables de la seguridad.
Para su primer viaje a Africa desde su investidura, en enero, Obama ha elegido Ghana, un pequeño país anglófono del oeste del continente, debido a su impresionante balance democrático en el último decenio, que contrasta con la situación general del continente, donde las elecciones fraudulentas y violentas son la norma.
"Ustedes tienen una democracia que funciona, un crecimiento económico significativo y un presidente que es serio cuando lucha contra la corrupción", había declarado Obama antes de viajar a Ghana.
Su visita es una especie de lazo simbólico antes de volver a Washington entre la cumbre del G8 en L'Aquila (centro de Italia) y el continente africano, para mostrar que "Africa está directamente conectada a nuestra política exterior".
Terra/AFP