Resumen año 2004
Rusia sufrió este año la peor ofensiva terrorista en su historia, fruto de la cruenta guerra de Chechenia que acaba de cumplir diez años sin que se le vea el fin.
La guerrilla chechena, incapaz de oponer resistencia militar abierta y cada vez más radicalizada, hizo suya la táctica de ataques suicidas en territorio enemigo, sembrando la muerte y la destrucción por toda la geografía rusa.
Reuters
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ReutersEsa fue su respuesta a la retórica antiterrorista del Kremlin, que rechaza cualquier diálogo con los separatistas en una guerra civil que, incluso según el Gobierno de Grozni leal a Moscú, ya se ha cobrado más de 200,000 muertos, en su mayoría civiles.
El presidente Vladímir Putin, aupado al poder hace un lustro por la segunda guerra chechena, declaró esa contienda como un capítulo de la cruzada antiterrorista global contra el integrismo islámico, al que acusa de pretender desmembrar Rusia.
"Estamos frente a una agresión directa del terror internacional contra Rusia", declaró Putin al otro día de la tragedia de Beslán, donde más de 330 personas, la mayoría niños, murieron en una escuela en una toma masiva de rehenes por un comando suicida chechén.
Pero todo terminó el 3 de septiembre en una masacre en la que aún se sospecha un asalto de las tropas rusas y que una vez más confirmó el postulado de Putin: "Rusia no negocia con los terroristas, los aniquila".
El secuestro de un millar de rehenes en Beslán dejó en evidencia la incapacidad de los servicios secretos de garantizar la seguridad ciudadana y neutralizar a un enemigo dispuesto a golpear en cualquier punto del país.
La propia capital rusa sufrió un atentado el 6 de febrero, tres semanas después de que Putin planteara a los servicios secretos una lucha sin cuartel contra el terrorismo y les dotara de atribuciones en materia de seguridad comparables con las de tiempos soviéticos.
La explosión de una bomba llevada por un terrorista suicida causó 94 muertos en el metro moscovita.
En otra fecha simbólica, el 22 de junio, aniversario de la invasión nazi, centenares de combatientes chechenes e ingushes se apoderaron durante toda una noche de la capital de Ingushetia, república vecina de Chechenia que acoge a miles de refugiados, en un asalto que se cobró casi un centenar de muertos.
El 24 de agosto, cinco días antes de los comicios para legitimar al nuevo presidente chechén, Alú Aljánov, otras 94 personas murieron en dos aviones Túpolev que salieron de Moscú y fueron volados en el aire por mujeres suicidas.
"Los terroristas consideran que son más fuertes que nosotros, que con su crueldad lograrán amedrentarnos, paralizar nuestra voluntad y corromper nuestra sociedad", afirmó Putin tras el drama de Beslán y agregó que "rendirse equivale a destruir o desmembrar Rusia".
"Sin exculpar a quienes tomaron como rehenes a niños, ni tampoco en justificación propia", el líder separatista insistió en que "la razón principal de semejantes atentados terroristas es la continuación de la guerra en Chechenia".
Todos los atentados fueron reivindicados por el "terrorista número uno" de Rusia, Shamil Basáyev, el líder islámico más radical de la guerrilla, como venganza por los abusos del Ejército y los servicios secretos rusos en Chechenia.
En un círculo vicioso, los atentados provocan nuevas represiones e instigan la desconfianza y la xenofobia, sin que las medidas de seguridad lanzadas por el Kremlin consigan frenar la ola terrorista.
"La guerra chechena, lanzada hace diez años, deja de ser una simple imagen de televisión e irrumpe en la vida cotidiana de los rusos", comentó el diario Grani.ru.
Según la defensora de los derechos humanos, Valentina Mélnikova, "Rusia ha perdido mucho a causa de la guerra en Chechenia, y lo principal es la libertad a opinar y a disentir con el Kremlin".
Terra/EFE