Internacional
El ministro del Interior iraquí acusó el jueves a sus detractores de exagerar las informaciones de tortura en una cárcel allanada por fuerzas estadounidenses la semana pasada, afirmando que entre los detenidos había tanto chiítas como sunitas y que solamente algunos mostraban indicios de abusos físicos.
BAGDAD, 17/nov,2005.- El ministro, Bayn Jabr, sugirió que algunos de los detractores respaldan a la insurgencia e intentan utilizar la embajada estadounidense para presionarle para beneficio propio. Entre los detenidos encarcelados en la dependencia del Ministerio del Interior en el distrito capitalino de Jadriya había "peligrosos terroristas", uno de ellos acusado de montar seis coches-bomba.
APUn prisionero inválido encerrado en ese reclusorio era un chií contratado por los extremistas religiosos suníes para que detonara una bomba colocada al pie de una carretera, agregó.
Jabr estuvo acompañado por varios mandos militares a fin de distensar la crisis, que aumentó el martes después que el primer ministro Ibrahim al-Jaafari, presionado por los estadounidenses, anunció que 173 detenidos fueron encontrados por los soldados estadounidenses en la prisión de Jadriya. Algunos ofrecían síntomas de malnutrición y ofrecían indicios de tortura, agregó.
La mayor parte de los detenidos son al parecer suníes, por lo que los políticos de esa secta exigieron una investigación internacional. Los líderes suníes, que desde hace tiempo lamentaron el abuso sectario practicado por los chiíes de las fuerzas de seguridad, acusaron al gobierno de intentar intimidarles para que no votaran en los comicios parlamentarios del 15 de diciembre.
Los chiíes y curdos dominan los servicios de seguridad del gobierno, mientras que la mayoría de los insurgentes son suníes.
Jabr dijo que solamente siete de los detenidos mostraban indicios de tortura "y las personas responsables por las palizas serán castigadas conforme a la ley". Agregó que entre los detenidos hay tanto chiíes como suníes, aunque no dio cifras.
"Rechazo la tortura y castigaré a aquellos que practiquen la tortura", advirtió Jabr, aunque advirtió que "nadie fue decapitado y nadie fue muerto".
Terra/AP