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Y fue contundente al pedir que "los responsables de tales males sean llevados ante la Justicia", en un país donde 107 sacerdotes han sido condenados por abusos sexuales y cuatro casos permanecen abiertos.

"Realmente, estoy muy apenado por este dolor y este sufrimiento que las víctimas han padecido y como su pastor comparto ese sufrimiento", declaró el Papa.
Pero las víctimas consideraron insuficientes las disculpas y pidieron, entre otras cuestiones, que vayan acompañadas de las reparaciones necesarias.
De la crisis de religiosidad habló en la última misa, la que celebró en el hipódromo de Randwick, donde dijo que el mundo y la Iglesia católica necesitan de una renovación espiritual, y donde se reunieron, según datos de la organización, 350.000 personas, una cifra inferior al medio millón que esperaban los organizadores.
"En muchas sociedades, junto con la prosperidad material, se está extendiendo un desierto espiritual, un vacío interior, un temor sin nombre, un sentimiento silencioso de desesperación", declaró.
Terra/EFE
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