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Con los rostros desencajados o bañados en lágrimas, decenas de parientes y amigos de los pasajeros del avión de Spanair que se incendió este miércoles en Madrid-Barajas causando al menos 153 muertos llegaban al aeropuerto, mientras en el de Las Palmas esperaban noticias otros tantos familiares.
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La policía impedía a los numerosos periodistas que se habían trasladado a la terminal 4 del aeropuerto de Madrid acercarse a los allegados de las víctimas.

Algunos lloraban, como habiendo abandonado toda esperanza de que los suyos estuvieran entre los 20 supervivientes ingresados en varios hospitales de la provincia de Madrid, constató la AFP.
"Lo primero, te vienes abajo, porque lo único que sabes es que iba en el avión, y no sabes si está bien, si es uno de los cadáveres; se siente mucho nerviosismo e impotencia", declaró a la radio Cadena Ser Ricardo, cuyo cuñado está herido.
Varios miembros de la Cruz Roja con un chaleco donde llevan escrito "psicólogo" los acompañaban hacia la sala de objetos perdidos, que se transformó en centro de crisis.
En la pista, al lado de aviones inmovilizados, una decena de ambulancias y varios coches mortuorios.
Terra/AFP
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