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El escenario era desolador. La mayoría de las casas se convirtieron en una mezcla de madera y fango, mezclados con ropa, mesas, sillas, ventiladores y las pertenencias de los habitantes conseguidas tras años de trabajo.

Javier Ramos reconstruyó su hogar, una casa sencilla de madera, luego que el huracán Ike la destruyó a comienzos de septiembre. Ahora Paloma destruyó su vivienda otra vez.
"Al menos estamos vivos", dijo Ramos, "Pero mi esposa todavía no ha visto esto. No sé cómo va a reaccionar. va a ser terrible".
A Yulaidi Alcalá, oficinista de 22 años, sólo le quedaban un par de bombillas que tenía en la mano y la ropa que llevaba puesta. "El dolor es tan grande, he llorado tanto; lo perdí todo, todo. No sé qué pensar, sólo vivir con la esperanza de que alguien nos ayude, el gobierno lo espero", afirmó.
Para Juan Carlos Estrada, de 33 años, el desastre tiene una explicación: "Las construcciones no son sólidas, eso no da más. La historia se repite, ¡qué fatalidad!".
"Aquí no se puede construir más creo yo, vamos a ver ahora qué pasa con los que perdimos todo aquí, porque hay gente albergada desde el ciclón Dennis en el 2005", agregó Estrada.
Cuando Paloma llegó a tierra causó olas de más de tres metros (nueve pies) en Santa Cruz del Sur. Autoridades de la defensa civil dijeron que en conjunto unas 435 viviendas en la comunidad fueron destruidas.
Los daños a la red eléctrica fueron muy inferiores a los causados por los huracanes Gustav e Ike a fines de agosto y comienzos de septiembre, informó el domingo Vicente de la O, de la empresa nacional de electricidad de Cuba, a la emisora estatal de televisión.
Terra/AP
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