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En México se producen miles de toneladas de marihuana, considerada la droga que le permite a los carteles contar con dinero en efectivo para financiar el tráfico de otras drogas, y cientos de kilos de heroína, además de que se han establecido laboratorios para la producción de metanfetaminas, una nueva droga con rápida aceptación entre los estadounidenses por ser socialmente aceptada ya que se trata de tabletas, menos cara y de efectos más rápidos y prolongados.

Una buena parte de esa producción mexicana se destina a Estados Unidos, el principal consumidor de drogas del mundo. Allí unos 25 millones de personas fuman marihuana. Algunos estudios calculan que por México pasa el 90 por ciento de las 360 toneladas de cocaína que se consumen en Estados Unidos, y para ello los principales carteles mexicanos han construido redes internas en el país vecino que llegan hasta las ciudades más septentrionales y fronterizas con Canadá, como Seatle y Nueva York.
Por ese negocio los carteles mexicanos mueven hasta 25.000 millones de dólares anuales, según han denunciado altos funcionarios de la inteligencia estadounidense. En tanto que expertos mexicanos calculan que los grupos mexicanos se hacen de unos 5.000 millones de dólares en ganancias, de los que destinan 1.000 millones a corromper a funcionarios, altos mandos policiales y agentes o comprar puestos, por ahora, en alcaldías clave. El lema para convencerlos es salomónico: o plata o plomo.
Amado Carrillo Fuentes, ¿El señor de los Cielos¿, fue el mayor narcotraficante latinoamericano de la década de los 90. Su trabajo, discreto pero efectivo, lo llevó a construir un imperio que se valía de una flotilla de aviones para inundar a Estados Unidos de cocaína.
Se hizo de la voluntad y amistad del zar antidrogas mexicano, el general Jesús García Rebollo. El segundo está en prisión y el primero en el ¿cielo? después de morir en un hospital de Ciudad de México cuando se sometió a una cirugía plástica múltiple que incluyó un cambio de rostro y una liposucción para reducirle peso.
La guerra de Calderón
Al llegar a la Presidencia del país, Felipe Calderón se topó el 1 de diciembre de 2006 con un escenario complejo marcado por el poder corruptor y armamentístico de los narcotraficantes.
Tenían controladas a las policías municipales y estatales, que les servían de custodios al paso de sus mercancías hacia el norte y de espías para avisarles de operaciones de envergadura federal.
Terra USA/EFE
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