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En la Corte Suprema, donde podrá guardar su cargo de forma vitalicia, Sotomayor tendrá por fin la oportunidad de dictar sentencias que sí acostumbran a marcar cambios clave en la vida diaria de los estadounidenses.

Para ello tendrá que trabajar con los otros ocho jueces de la Alta Corte, entre los cuales sólo hay otra mujer.
Algunas fuentes del mundo de la justicia la tildan de excesivamente exigente, poco acostumbrada a debatir sus puntos de vista con contrarios.
"Es un terror en el tribunal", "es temperamental y se excita fácilmente" son algunos de los comentarios recogidos por el Almanaque Judicial de abogados que han tenido que lidiar con Sotomayor.
Otros resaltan en cambio sus argumentos legales, bien desarrollados. "Es una muy buena escritora", señaló otro de los abogados al Almanaque, siempre bajo anonimato.
La mayoría de expertos la califica de liberal, hasta el punto que en 1991, cuando Bush padre la presentó ante el Senado para el prestigioso cargo de juez de apelaciones, algunos republicanos no querían votar por ella, temerosos de que llegara a la Corte Suprema algún día.
En 17 años de magistratura federal, Sotomayor destacó con algunas sentencias. En 1995 acabó con una huelga de 232 días en el mundo del béisbol profesional al invalidar el nuevo contrato colectivo que querían imponer los propietarios de equipos del deporte.
También metió en la cárcel a altos cargos públicos por casos de corrupción, como al jefe de gabinete del entonces gobernador de Nueva Jersey, Joseph C. Salema, también en 1995.
En otras ocasiones demostró sin embargo una visión más centrista, como en el caso Cassidy v. Chertoff, de 2006. Sotomayor dio la razón al Departamento de Seguridad Interna para poder registrar de forma preventiva a los pasajeros de un servicio de ferry, invocando la posibilidad de un atentado terrorista.
Terra/AFP
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