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Eduardo Antonio Puelles, según un testigo presencial del atentado, chilló pidiendo ayuda tras la explosión pero resultaba imposible socorrerle ya que el vehículo quedó envuelto en llamas.

Según relató a los medios de comunicación, este testigo y su pareja eran las únicas personas, además de la víctima, que se encontraban en el aparcamiento exterior de la calle Santa Isabel de Arrigorriaga para recoger sus respectivos coches, en el momento de la explosión.
El inspector de la Brigada de Información de Bilbao tenía 49 años, estaba casado y era padre de dos hijos.
Su esposa tuvo que recibir asistencia sanitaria al conocer lo ocurrido.
ETA, que busca por las armas desde hace cuarenta años la independencia del País Vasco de España, no había cometido un atentado con víctimas mortales desde el 3 de diciembre de 2008, cuando dos pistoleros mataron a tiros en Azpeitia (Guipúzcoa) al empresario Ignacio Uría.
En sus cuatro décadas de actividad, ETA ha asesinado a más de 850 personas.
Terra USA/EFE
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