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"En el hospital reina el caos. Hay heridos por todas partes, entre ellos mujeres y niños", añadió.

Saif Mohamad, de 20 años, dice haber "visto pedazos de carne y charcos de sangre" cuando corrió hacia el lugar del atentado en busca de dos amigos. El olor era "asfixiante", afirmó.
"¿Cómo puede el gobierno afirmar que puede garantizar la seguridad y recibir el testigo de los estadounidenses? Los que cometen estos atentados no quieren que los estadounidenses se marchen", estimó.
"Los atentados de los últimos días demuestran que las fuerzas iraquíes no son capaces de proteger a los ciudadanos de la violencia", prosiguió.
Es el segundo atentado en menos de una semana que deja un número tan alto de víctimas en Irak.
El sábado, 72 personas perdieron la vida en la provincia de Kirkuk, situada a 250 km al norte de Bagdad. Un kamikaze hizo estallar su camión con una tonelada de explosivos en el centro de la localidad de Taza, dejando un panorama desolador y 80 casas destruidas. Las autoridades locales atribuyeron el atentado a la red Al Qaeda.
Las autoridades son conscientes de que los insurgentes, aunque debilitados, se han propuesto hacer descarrilar el proceso de traspaso de poderes de los estadounidenses a los iraquíes.
Irak está viviendo una oleada de violencia que en tres días ha causado más de un centenar de muertos, señal de que los insurgentes tienen la intención de desafiar a las autoridades iraquíes, que quedarán a cargo de la seguridad de las ciudades una vez que las tropas estadounidenses se retiren de ellas el 30 de junio.
Terra/AFP
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