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El designado presidente de Honduras, Roberto Micheletti, advirtió que no renunciará, sin importarle la creciente presión internacional para que el derrocado Manuel Zelaya sea restituido en el cargo.
En entrevista, al preguntársele si contempla abandonar el cargo al ver el respaldo granjeado por Zelaya en la comunidad internacional, Micheletti sostuvo que "no. Fui nombrado por el Congreso que representa al pueblo hondureño. Nadie me puede obligar a renunciar si yo no cometo faltas contra las leyes del país".

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Reiteró que si el depuesto gobernante regresa al país como lo tiene planeado, será capturado. Zelaya "cometió delitos contra la Constitución y las leyes. Él no puede volver a ser presidente, a menos que venga un presidente de algún país de América Latina que lo imponga bajo las armas", dijo Micheletti.
El fiscal general Luis Alberto Rubí dijo en rueda de prensa que acusará a Zelaya por traición a la patria, atentar contra la forma de gobierno democrático, abuso de autoridad, usurpar funciones públicas y desobedecer la Constitución y las leyes. Agregó que le aguardan "al menos 20 años en la cárcel".
Informó que "la orden contra el ex gobernante ya la giramos a nivel internacional a manera de que sea capturado en cualquier parte del mundo donde esté".
Posteriormente en cadena de radio y televisión, Michelettí advirtió que unos 300 médicos, enfermeras y técnicos sanitarios que permanecen en Honduras desde 1998, luego que el huracán Mitch devastase el país, podrían continuar sus labores sin contratiempos y que son protegidos por el gobierno.
El canciller hondureño Enrique Ortez Colindres había dicho en entrevista a CNN que los tribunales ya tienen listo el expediente para "el deslinde de responsabilidades por la violación de la constitución, en el narcotráfico, la garantía del crimen organizado, el desvío de recursos por cantidades multimillonarias".
Terra/AP
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