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El gobierno espera que el peso de la condena internacional y la amenaza de aislamiento económico aceleren un acuerdo político que devuelva a Zelaya al poder. Mientras tanto, deja que las organizaciones internacionales y los gobiernos latinoamericanos hagan el papel del duro.

Mientras tanto, el Departamento de Estado hacía acrobacias retóricas para no definir al derrocamiento de Zelaya como un "golpe militar", porque esa designación obliga a cancelar algunos programas de asistencia en forma automática. "La revisión legal continúa", dijo el jueves el vocero Ian Kelly, que dijo que Estados Unidos ha "presionado el botón de pausa" en los programas que debería cancelar.
La suspensión de ayuda militar y económica sería grave pero Honduras seguirá exportando textiles, bananas, café y otros productos a Estados Unidos. El comercio entre los dos países es de 7.000 millones de dólares anuales y se estima que antes de la crisis los emigrantes hondureños mandaban 2.500 millones de dólares en remesas desde el Norte, más de un quinto del Producto Nacional Bruto.
El golpe pareció sacado de los años 70 u 80, con comandantes entrenados en Estados Unidos y soldados con rifles M-16, al parecer estadounidenses.
El Pentágono suspendió en forma temporal la cooperación militar con Honduras, pero tiene más de 500 efectivos en una base aérea en ese país, en la que ha invertido grandes cantidades de dinero, y no podría cortar los lazos militares tras décadas de colaboración.
Terra/AP
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