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Internacional 

TESTIGO-De regreso a Berlín para recordar el Muro

4/11/2009 - 21:22(GMT)

Martin Nesirky fue corresponsal de Reuters en Alemania Oriental y Berlín Occidental entre 1987 y 1991. Ahora es portavoz de la Organización para la Seguridad y Cooperación en Europa, con base en Viena.

Por Martin Nesirky

Historia continua abajo

VIENA (Reuters) - Al regresar a Berlín por primera vez en una década para asistir a una reunión con corresponsales y diplomáticos en octubre, me sumé a la inevitable caza turística del Muro, del cual quedan restos en medio de los ostentosos nuevos edificios.

El Parlamento del Palacio de la República de Alemania Oriental, conocido por los berlineses del Este como el Lastre de la República, no existe desde hace tiempo.

Tampoco queda mucho del centro de prensa donde yo trabajaba y donde el jefe de prensa de Alemania Oriental, Guenter Schabowski, pareció sorprenderse a sí mismo con el críptico anuncio que dio paso al derrumbe del Muro.

Pero creo que lo que fui a buscar sigue estando allí: ecos de las conversaciones y observaciones, vívidos pese a que han pasado 20 años.

En el famoso Puesto de Control Charlie me paré bajo la lluvia mirando lo que solía ser el cruce y recordé cuando vi al primer alemán oriental cruzando a Berlín Occidental, con sus brazos estirados en el aire y ojos de incredulidad.

Yo crucé el puesto desde el este hacia el oeste un poco antes de que los guardias comenzaran a permitir el acceso. Es un cruce que hice decenas -sino cientos- de veces: dos veces con un gato en la bota y la radio encendida. Demás está decir, pasar por allí fue mucho más inquietante el 9 de noviembre.

El resto de esa noche transcurrió en un torbellino frenético y excitante de conversaciones y notas garabateadas, entre la búsqueda de teléfonos cuando no existían los móviles y la emoción de ver la ciudad de mis antepasados renaciendo.

En el distrito Prenzlauer Berg donde vivía y el distrito Mitte donde a menudo me reunía con disidentes e intentaba evitar a la policía de seguridad de la Stasi, los ecos se escuchaban igual de fuertes, pese a que ahora las fachadas de los edificios son llamativas y los cafés elegantes.

En una calle empedrada, miré a mi alrededor, esta vez bajo el sol otoñal, recordando la escena de la noche de octubre de 1989 en que la policía uniformada y los agentes de la Stasi vestidos de civil rodearon a los manifestantes que pedían una reforma del estilo Gorbachov.

En ese entonces, bajo las débiles luces de la calle, parecía más 1939 que 1989. Yo logré escapar metiéndome en un patio antes de regresar a casa para reportar la historia.

Era claro que algo tenía que cambiar, pero no sabía qué.

Me acordé de un amigo en particular, pero no pude encontrarlo este octubre.

Al principio de mi misión, él fue la fuente de una exclusiva historia sobre una leve liberación de las restricciones de viaje en Alemania Oriental. Parece algo ridículo ahora, pero en ese momento fue un evento trascendente. Hasta envié la historia desde Bonn bajo el nombre del jefe de corresponsales para ocultar mis datos y mi fuente.

La primera vez que vi a ese amigo después del 9 de noviembre, se presentó con un cartel de advertencia que había arrancado en la frontera, para mí, la misma noche en que cayó el Muro.

(Editado en español por Javier Leira)

Terra/Reuters

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