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La tortura y las ejecuciones extrajudiciales son prácticas recurrentes en los centros urbanos de Brasil, donde agentes de seguridad recurren a ellas con el argumento del combate al crimen, alertó una organización de derechos humanos.
La activista Beatriz Affonso, directora del Centro para la Justicia y el Derecho Internacional (Cejil), citó también el fenómeno de las milicias armadas que toman control de comunidades empobrecidas como parte del cuadro de violencia urbana que vive el país más grande de América Latina.

Affonso presentó los temas el jueves ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, en Washington, antes de una visita de personeros de esta organización a Brasil para evaluar los fenómenos de violencia urbana y rural.
Dijo a la comisión que Brasil heredó de la dictadura militar que gobernó el país entre 1964 y 1985 "la sistemática y endémica práctica de la tortura y las ejecuciones sumarias practicadas por la policía con el argumento de la intensificación de la violencia del crimen organizado en los centros urbanos".
Explicó que el país carece de un registro de los casos de tortura, aunque una comisión legislativa que investigó las cárceles determinó que se trata de una práctica común pese a que los presos no se atreven a denunciarla por temor.
Citó una reciente tesis de maestría sobre la aplicación de la ley de 1997 que criminaliza la tortura, según la cual, de 203 personas acusadas en Sao Paulo por torturas, 181 eran agentes del estado y, de ellos, 70% fueron absueltos por dificultades para recoger pruebas o temor de la víctima en acusar al torturador.
Sobre las ejecuciones sumarias, Affonso comentó que la práctica más recurrente es el de atribuir un contexto de confrontación entre la policía y un detenido para justificar el uso de la fuerza contra un detenido.
Datos de la Secretaría de Seguridad Pública del estado de Río de Janeiro indican que en el 2008 la policía registró 1.137 muertes "por resistencia", 19% del total de homicidios registrados ese año en el estado.
La activista llamó la atención también sobre la presencia de milicias armadas que operan como grupos paramilitares que toman control de comunidades empobrecidas conocidas como favelas, sobre todo en Río de Janeiro.
Según Affonso, hay 171 comunidades de Río controladas por milicias, las cuales ejercen el control del territorio y de la población mediante acciones coercitivas y apuntan a obtener lucro a expensas de los habitantes, con el argumento de que prestan un servicio público de protección y establecimiento del orden.
"Las milicias son un fenómeno relativamente nuevo que se ha intensificado en los últimos cuatro años", dijo Affonso. "Son grupos paramilitares formados en su mayoría por policías, agentes penitenciarios y miembros de los poderes públicos. Su presencia es públicamente reconocida por las comunidades".
Terra/AP
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