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Con sonrisas y estrechones de manos, el presidente George W. Bush y su esposa Laura recibieron el miércoles sin mayor pompa al príncipe Carlos y su esposa Camila, que hicieron así una entrada discreta en la Casa Blanca.
No hubo bandas militares ni vistosas ceremonias. Sólo el presidente y la primera dama esperaban a la entrada de la Casa Blanca cuando una limosina llegó al pórtico sur de la mansión ejecutiva y de ella descendieron el príncipe y la duquesa de Cornualles.

Carlos fue el primero en salir del vehículo y en estrechar la mano a Bush. Camila salió por el otro lado de la limosina, dio la vuelta por detrás del auto y estrechó la mano a la primera dama. No hubo besos ni abrazos.
Tras posar para los fotógrafos, el cuarteto entró en la Casa Blanca para almorzar un menú a base de sopa, pescado, vegetales, ensalada y un sorbete de manzana.
Entre los invitados al almuerzo, además de la pareja real, figuraban la madre del presidente, Barbara Bush, su hermana Doro y el esposo de ésta, Robert Koch, así como el hermano del presidente, Marvin, y su esposa Margaret.
También estaban presentes el embajador británico en Estados Unidos, David Manning, y su esposa Catherine, así como el embajador de Washington en Londres, Robert Tuttle, y su esposa María.
La principal actividad del día es empero una cena de gala a la que han sido invitados numerosos representantes del mundo político, académico y comercial de la capital.
Terra/AP
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