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Con sonrisas y estrechones de manos, el presidente George W. Bush y su esposa Laura recibieron el miércoles sin mayor pompa al príncipe Carlos y su esposa Camila, que hicieron así una entrada discreta en la Casa Blanca.
03/nov/2005.- Pese a la frialdad contrastante de Carlos, la duquesa de Cornualles, con la esperanza de impresionar a los fanáticos de Diana en su primera visita como esposa del príncipe heredero al trono británico, ciertamente se vio más entusiasmada."Estoy aquí, vivo todavía", dijo Carlos secamente cuando un periodista británico le preguntó cómo le iba en su viaje.

No hubo bandas militares ni vistosas ceremonias. Sólo el presidente y la primera dama esperaban a la entrada de la Casa Blanca cuando una limosina llegó al pórtico sur de la mansión ejecutiva y de ella descendieron el príncipe y su esposa, la duquesa de Cornualles.
Carlos fue el primero en salir del vehículo y en estrechar la mano a Bush. Camila salió por el otro lado de la limosina, dio la vuelta por detrás del auto y estrechó la mano a la primera dama. No hubo besos ni abrazos.
Camila, que siempre sonrió, apenas se le escuchó hacer un comentario a la señora Bush, al que ella respondió "fabuloso".
Tras posar para los fotógrafos, el cuarteto entró en la Casa Blanca para almorzar un menú a base de sopa, pescado, vegetales, ensalada y un sorbete de manzana. Antes de entrar al almuerzo, Camila se retrasó un poco y caminó por la alfombra roja y se despidió de la horda de periodistas con una sonrisa tímida y agitando la mano.
Terra/AP
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