Cambalache
Romney se ´autodeportó´ de la Casa Blanca
Mitt Romney, el millonario mormón, escupió para arriba en las primarias partidarias cuando disputaba la nominación republicana. Y lo hizo muchas veces.
Su discurso antiinmigrante, encendido y lleno de desprecio hacia los indocumentados, salía de su boca una y otra vez, en cada uno de los debates entre los precandidatos republicanos, con llamaradas de fuego, sin misericordia. ´Yo favorezco la autodeportación de los 12 millones de ilegales que viven en Estados Unidos, que regresen a sus países cuando vean que acá no consiguen trabajo´, decía Romney, sabiendo que se ganaría la simpatía y los votos de sus correligionarios, siempre dispuestos a darles la patada a los que no tienen papeles.
Y su tono antiinmigrante tuvo su recompensa y le permitió en parte ganarse el masivo apoyo de los republicanos. Y terminó siendo el candidato.
Pero las primarias son una cosa y las presidenciales, son otras. Romney tuvo que bajar el tono antiindocumentado para aplacar el descontento de los inmigrantes que votan y que suman millones. Tanto se esforzó, que hasta comenzó a hablar de una reforma migratoria, aunque nunca esgrimió un plan, a quién beneficiaría o qué haría en concreto con los sin papeles.
Cada vez que se enfrentaba a esa pregunta, daba vueltas y no decía nada. O hablaba de otra cosa. Pero jamás volvió a promover su idea de la ´autodeportación´ porque sabía que lo afectaría negativamente entre los votantes indecisos y los latinos.
Pero ya era tarde. El daño ya estaba hecho. Anoche, Romney solo logró el 27% del voto hispano versus un aplastante 72% para el presidente Barack Obama, quien al final se quedó con más de la mayoría de los votos electorales que lo dejan cuatro años más en la Casa Blanca.
Y no es poca cosa. Se estima que 12 millones de latinos votaron en estas elecciones.
Romney debe haber aprendido la lección. Pero ahora, es demasiado tarde.