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Belleza mexicana | Cambalache
Belleza mexicana | Cambalache

Cambalache

Belleza mexicana

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Bello y surrealista. Así es México, la tierra de los chongos, el molcajete, los nopales, el mole, los guajoloteros, las mordidas, las tortas y las chelas.

Acabo de pasar diez maravillosos días en el país de mi esposa y una vez más, me he vuelto a enamorar de esa tierra. Michoacán y Guanajuato fueron los estados visitados esta vez, con paradas en Zamora, Celaya, Guanajuato y Pajacuarán, un pequeño pueblo al pié de un cerro.

Llegué con varios kilos de más, culpa de la exquisita gastronomía mexicana, con sus sabrosas tortas, tacos y mole . Conocí al 'Conejo', un panadero de mi edad que cocina los bolillos y las conchas en un horno de barro al fondo de su humilde casa, en Pajacuarán. 'Así le vamos', me dijo el hombre que no dejó a alabar a Messi. 'Este es para usted', me dijo cuando me dio un bolillo del tamaño de un pan francés, recién sacado del horno.

El frente de su casa está lleno de leña, la que corta todas las mañanas para calentar el viejo y desvencijado horno, iluminado con una bombita de luz que se prende cada vez que el 'Conejo' conecta los cables pelados que cuelgan de la puerta. Así es la panadería de este michoacano cálido y sencillo, como la gente de Pajacuarán, donde participé de las famosas 'posadas', aquellas donde la gente sale a las calles las noches previo a la Navidad para compartir el exquisito 'ponche', una especie de jugo de frutas casero que puede llevar 'piquete' (alcohol), en preparativo para la llegada del niño Jesús.

La pequeña plaza de Pajacuarán está rodeada de comederos donde el olor a la carne 'al pastor' te llega hasta el alma. Decenas de parejas se acurrucan en los asientos de hierro y se pierden a los besos, apretadas por el frío. Las campanas de la iglesia no dejan de sonar, así como la banda del pueblo, que toca 'Jingle Bells' algo desafinada.

La zona de este poblado no está excenta de la violencia que azota al país desde que el ex presidente Calderón le declaró la guerra al narco. A solo cinco minutos de ahí, en un poblado llamado Briseñas, el domingo 23 de diciembre, varios encapuchados atacaron a balazos el edificio de la presidencia municipal y mataron a cuatro policías. Horas después, el pueblo se quedó sin policías tras la renuncia del resto de los uniformados. Al parecer, el ataque fue un mensaje a las nuevas autoridades por parte de los sicarios.

Guanajuato es una de las más bellas ciudades de México. Fue allí donde los españoles colgaron las cabezas de los próceres de la Independencia, como Allende e Hidalgo, en las esquinas del fuerte de la ciudad, conocida como la Alhóndiga de Cáceres, en octubre de 1811. Aún se pueden ver los ganchos desde donde las colgaron por varios meses.

Sus calles son en realidad callejones, con sus veredas bien angostas y calles de empedrado. El Callejón del Beso, una de las más famosas atracciones turísticas, es el más angosto de esta ciudad colonial del siglo XVI. Puedes unir las paredes de ambos lados de la calle con los codos. Se dice que dos jóvenes aspirantes a Romeo y Julieta solían besarse, uno desde la ventana de su casa y el otro desde la casa de enfrente.

Toda la ciudad está recorrida por una serie de túneles subterráneos, usados hace siglos para llevar el agua. Hoy, son las vías donde fluye el tránsito que lleva al centro de Guanajuato, Patrimonio de la Humanidad.

El Teatro Juárez se destaca entre las coloridas casas, que parecen subirse unas a otras entre las callejuelas que se tuercen por todos lados.

Zamora, Michoacán, me llamó la atención por el desorden y el caos en el tránsito. Las calles están llenas de pozos y sus angostas veredas no alcanzan para abarcar a los cientos de peatones que a diario llegan al centro para sus compras. Mi llegada a la ciudad, de unos 250,000 habitantes, estuvo marcada por un hecho que ya es tradición en México. Nos paró un policía cuando nos dimos cuenta que estábamos manejando a contramano. 'Deme su registro', le dijo el policía a quien manejaba la combi. 'No lo tengo, me lo olvidé', fue la respuesta del tío de mi señora, quien se bajó y comenzó a hablar con el agente.

No hubo acuerdo y nuestro chofer regresó al auto, resignado. Mientras, el policía comenzaba a redactar la infracción. 'Jefecito', le dije, 'si le hace la boleta, me voy a llevar una mala imagen de Zamora. Estoy con la familia de mi esposa, visitando, y ya regresamos a Miami'. El hombre me miró, le devolvió los papeles al tio de mi esposa y le dijo: 'lo voy a dejar a la discreción suya'. El tío, quien entendió el mensaje, metió la mano en su bolsillo, sacó 120 pesos mexicanos y se los dio al policía, quien con una sonrisa se los metió en el bolsillo y nos dijo 'que tengan buen día'. Toda una experiencia mexicana.

En el pueblo de La Luz, cerca de Pajacuarán, paramos a cambiar una cubierta que estaba pinchada. Me bajé y caminé un poco. Vi a un hombre que comía unas cositas verdes que sacaba de una bolsita de plástico. '¿Qué es eso que come?', le pregunté. 'Garbanzos', me respondió. Y me dio la bolsa. 'Disfrútelos', me dijo.

En Querétaro, cuando el bus en que viajaba hizo una parada, me bajé para ir al baño. Grande fue mi sorpresa cuando tuve que poner varias monedas para acceder por la puerta. Pero no todo terminó allí. Cuando entré al baño, una mujer limpiaba los pisos muy tranquila mientras unos tres hombres hacían sus necesidades en los mijitorios incrustados en la pared.

Así es México. Bello y surrealista.

Eduardo Orbea Eduardo Orbea

Eduardo Orbea

Es periodista argentino con experiencia en redacciones de Estados Unidos y de Argentina. Bicultural, bilingüe, le interesan los temas que salpican a los hispanos que viven en EE.UU.



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