Ciencia

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21 de febrero de 2013 • 03:21 AM

Restos de Pedro I y sus esposas aclaran detalles familia imperial brasileña

 

Pedro I, el emperador que proclamó la independencia de Brasil, era de estatura más baja de lo que se creía y, contrario a lo que afirma la leyenda, no derribó a su esposa, la emperatriz Leopoldina, por las escaleras de palacio, desveló un minucioso análisis de los restos del monarca y sus dos mujeres.

El estudio ha revelado algunos detalles de la historia de Brasil, pero también curiosidades de la familia imperial que gobernó el país desde su independencia de Portugal, en 1822, hasta la proclamación de la República en 1889.

Los cadáveres del emperador Pedro I de Brasil y IV de Portugal (1798-1834), su primera esposa, Leopoldina de Habsburgo (1797-1826), y la segunda, Amelia de Leuchtenberg (1812-1876), fueron exhumados de un mausoleo en el Parque da Independencia, en el barrio de Ipiranga, en Sao Paulo, para ser examinados como parte del trabajo de doctorado de la historiadora y arqueóloga Valdirene do Carmo Ambiel.

Los restos del emperador y sus esposas fueron sometidos entre febrero y septiembre de 2012 a exámenes como tomografías y resonancias magnéticas en la Facultad de Medicina de la Universidad de Sao Paulo, todo en el más absoluto sigilo, y las conclusiones fueron reveladas esta semana por el diario "O Estado de Sao Paulo".

"Unimos las ciencias humanas, exactas y biomédicas con el objetivo de enriquecer la historia de Brasil", declaró Ambiel al diario al explicar el propósito de su tarea.

La primera sorpresa de los investigadores se la llevaron al abrir el féretro de la emperatriz Amelia, que murió en Lisboa a los 64 años, y cuyo cadáver estaba momificado, con los órganos internos intactos, al parecer por efecto de las esencias que le inyectaron para preservarlo durante los tres días de los funerales.

La emperatriz Leopoldina, primera esposa de Pedro I y madre del que sería el emperador Pedro II, fue sepultada con el vestido con el que fue coronada en 1822, pero los investigadores descubrieron que los pendientes de oro que llevaba en vez de piedras preciosas eran de resina, según el diario.

Descendientes del emperador entrevistados por la publicación consideraron este hecho como una prueba de que Leopoldina, nacida en Viena, era ante todo una mujer sencilla y caritativa, como la presentan los historiadores.

Los exámenes practicados a Leopoldina no constataron ninguna fractura ósea lo que desmiente otra versión, que tiene más tinte de leyenda que rigor histórico, de que la emperatriz, fallecida en Río de Janeiro, a los 29 años, fue víctima de violencia de género.

Relatos de la época cuentan que Pedro I, con fama de mujeriego, le habría dado un puntapié a su esposa en las escaleras de la Quinta da Boa Vista, residencia de la familia imperial, y que en la caída la emperatriz, que estaba embarazada, se habría roto un fémur, muriendo días después, pero los exámenes no detectaron fractura alguna.

Quien sí tenía fracturas era el emperador, a quien se le descubrieron cuatro costillas rotas en el lado izquierdo, consecuencia de caídas del caballo.

En opinión de especialistas, esas fracturas pueden haber reducido su capacidad pulmonar y agravado la tuberculosis que le causó la muerte en la misma habitación del Palacio de Queluz (Portugal) en la que había nacido 36 años antes.

Pese a que Pedro I fue quien proclamó la independencia de Brasil a orillas del riachuelo de Ipiranga, donde ahora se levanta su mausoleo, los investigadores descubrieron que fue enterrado vestido como Pedro IV de Portugal, con insignias y condecoraciones de general luso, sin ninguna referencia al nuevo país que había proclamado doce años antes.

Otra revelación de los exámenes fue que el emperador medía entre 1,68 y 1,73 metros, una estatura alta para los portugueses de su época, pero menor que la que se creía, tal vez por la imagen que se tiene de él por los retratos oficiales.

En el féretro del emperador los investigadores encontraron también curiosidades nada históricas, como 24 tarjetas de visita de diplomáticos, militares y hasta dentistas, que al parecer fueron introducidos en 1972, cuando los restos fueron trasladados definitivamente a Brasil.

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