
Redacción.- Si bien es conocido que la pena de muerte se aplica en Estados Unidos a criminales, ¿qué pasa cuando el ejecutado resulta inocente después de su muerte? Una premisa que pone a pensar sobre los fundamentos de la justicia para condenar a muerte en el país.
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Esta semana salió a la luz la reapertura de un caso que conmocionó en los ochentas en Texas, y que ahora se encuentra bajo la investigación de un catedrático y estudiantes de la Universidad de Columbia bajo el título: 'Los Tocayos Carlos: Anatomía de una ejecución injusta', que publica este martes elmundo.es.
Es el caso de Carlos De Luna, quien fue arrestado el 4 de febrero de 1983 acusado de la muerte a puñaladas de Wanda López, una madre soltera hispana que trabajaba en una tienda de Corpus Christi, al sureste de Texas.
Fue condenado y ejecutado seis años después del juicio. Pero hoy, 28 años después, la investigación apunta a que todo se debió a un error.
Antes de morir, la víctima alcanzó a avisar a la policía que un hombre armado de origen mexicano se hallaba en el negocio. Tras las investigaciones policiales, un testigo aseguró que Carlos De Luna era el homicida. Sin embargo, 20 años después el mismo testigo no pudo asegurar que realmente De Luna era el asesino.
Según documentos de la Universidad de Columbia, el culpable era realmente Carlos Hernández, quien fue señalado por el mismo Carlos De Luna antes de ser ejecutado. Incluso, Hernández había confesado a sus conocidos que él había sido el asesino y que su tocayo lo había pagado.
Los fiscales que llevaron el caso desecharon cualquier argumento alrededor de Hernández. Además dijeron que todo era un invento de De Luna, que Carlos Hernández no existía. Y fue así como el verdadero asesino de Wanda López "asesinó" a su tocayo Carlos.
El profesor James Liebman, el director de la investigación universitaria, espera que con este trabajo se tome conciencia sobre este castigo que muchas veces destruye vidas y enluta familias por un simple error o confusión.
- Hay veces que la justicia es injusta. Ese podría ser el caso de Carlos De Luna, quien fue condenado a muerte y ejecutado en Texas en 1989 siendo inocente, según la investigación publicada por el profesor de la Universidad de Columbia, James Liebman. Foto: Departamento de Policía de Corpus Christi
- Liebman, junto a 12 estudiantes, publicó el resultado de su investigación en el libro ‘Los Tocayos Carlos: Anatomía de una ejecución injusta’, en el que concluye que Carlos De Luna no cometió el crimen por el que lo condenaron, además de asegurar que el verdadero culpable fue otra persona, Carlos Hernández. Foto: Departamento de Policía de Corpus Christi|
- Todo comenzó el 4 de febrero de 1983, cuando Wanda López, una madre soltera hispana, fue apuñalada hasta la muerte con un cuchillo de caza mientras trabajaba en una gasolinera en la localidad tejana de Corpus Christi. Como la víctima había declarado en una llamada que su atacante era un mexicano, y que un testigo lo había identificado, la policía le apuntó a Carlos De Luna como culpable. Foto: AFP
- Además, el hecho de que ambos se parecieran físicamente, que se conocieran desde cinco años antes y que hubieran estado juntos esa noche, llevó a una confusión que le costó la vida a De Luna. En la foto, el ministro presbiteriano Carroll Pickett, quien era el capellán de la prisión donde fue ejecutado De Luna, quien cree en su inocencia. Foto: AFP
- No obstante, durante los seis años que duró el proceso, De Luna argumentó en su defensa que era inocente e incluso dio el nombre de Hernández, el verdadero asesino. Y aunque la defensa quiso apuntar la culpabilidad hacia Hernández, los fiscales llegaron a la conclusión de que era un invento, un fantasma, "un producto de la imaginación de De Luna". Foto: AFP
- Pero el profesor Liebman consideró importante investigar lo sucedido, por lo que empezó su pesquisa cuatro años después de la ejecución de De Luna, descubriendo al poco tiempo la existencia de Hernández. En su perfil, lo describe como un alcohólico violento, que siempre llevaba un cuchillo de caza, por el que incluso lo arrestaron 13 veces. Sin embargo, nunca fue condenado, lo que no es una casualidad para Liebman, pues era informante de la policía. Foto: AFP
- Además, aunque trató de matar con un cuchillo a otra mujer, Dina Ybáñez, apenas dos meses después de la ejecución de De Luna, por lo que fue sentenciado a 10 años de cárcel, nadie notó el parecido con el caso de Wanda López, por lo que no lo conectaron con dicho crimen. Foto: AP
- No sería este el único caso en que una persona inocente es ejecutada en Estados Unidos. De acuerdo al Centro de Información de la Pena de Muerte, 'ocho reos han sido ejecutados y que posiblemente eran inocentes' desde 1976, año en que se reinstauró la pena capital en Estados Unidos. Foto: Getty Images
- A este dato se suma otro: Se estima que unos 38 reos han sido ejecutados desde 1976 pese a que existía evidencia que apuntaba a su inocencia. Foto: Getty Images
- A esto se suman los casos en que pruebas de DNA confirman la inocencia de un condenado antes de ser ejecutado. Desde 1992 y hasta la fecha, 15 condenados a la pena de muerte han sido exonerados y puestos en libertad gracias a las pruebas de DNA, que solo se pueden usar en una fracción del total de los casos capitales. Foto: Getty Images
- El caso De Luna no tuvo este beneficio y el hombre fue ejecutado con una dosis de inyección letal en el penal de Huntsville, Texas. Foto: Getty Images
- La investigación de James Liebman, que terminó en el libro que se acaba de publicar, confirmó que la justicia en EE.UU. a veces no es tan justa como parece. Foto: Getty Images

