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10 de enero de 2013 • 06:45 AM

El PKK, el gran problema de Turquía desde hace más de tres décadas

 

El Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK), una de cuyas fundadoras fue asesinada hoy en París, ha sido uno de los mayores problemas de Turquía desde su creación, hace más tres décadas.

Sakine Cansiz, una de las pocas mujeres presentes en el congreso fundacional del PKK en 1978, fue hallada muerta en la sede parisina del Centro de Información del Kurdistán, junto a Fidan Dogan, representante en Francia del Congreso Nacional del Kurdistán; y la joven activista Leyla Soylemez.

Tanto las autoridades turcas como el PKK relacionaron los asesinatos con un intento de bloquear las conversaciones iniciadas hace unos días por altos cargos del Estado turco con Abdulá Ocalan, el líder del PKK encarcelado desde 1999 en Turquía, sobre un posible desarme del grupo.

De inspiración marxista-leninista, el PKK nació en 1978 de la mano de Ocalan para que se reconociesen los derechos de los 15 millones de kurdos de Turquía.

En 1984 inició la lucha armada para conseguir la independencia del Kurdistán y, desde entonces, unas 37.000 personas -en su mayoría kurdos- han muerto en un conflicto que también ha dejado decenas de miles de aldeas destruidas y cientos de miles de desplazados en el sudeste y el este de Turquía.

Las reivindicaciones independentistas del PKK fueron modificadas por las de una fuerte autonomía, una amnistía para los miles de presos y la posibilidad de participar en la vida política tras los años 90, los más duros de la confrontación.

En 1999 se produjo la detención en Kenia de Ocalan, que tras varios años de exilio en Siria había sido obligado a dejar ese país por las presiones turcas.

Aunque inicialmente condenado a muerte, la pena se le conmutó por la cadena perpetua, que cumple en el penal en la isla turca de Imrali.

En su primera intervención ante los jueces, Ocalan pidió perdón a los familiares de los muertos por el PKK y exhortó a la guerrilla a deponer las armas.

La captura de "Apo" (tío, como es conocido el líder guerrillero) marcó una nueva época en el PKK, que decretó un alto el fuego unilateral y adoptó varias medidas destinadas a mejorar su imagen internacional. Tras cambiar varias veces de nombre, finalmente retomó el original.

Turquía, que como EEUU y la UE considera al PKK una organización terrorista, se negó a reconocer la tregua y a negociar.

El grupo armado reanudó sus ataques en 2004 y, tras una nueva tregua unilateral en 2006, intensificó sus acciones violentas en los últimos años.

En la actualidad, el máximo responsable militar del PKK es Murat Karayilan, que tiene su base en los montes Kandil, en el Kurdistán iraquí.

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