
Bocazas y con una propensión a meter la pata, el vicepresidente Joe Biden es sin embargo un aliado indispensable para el presidente Barack Obama a la hora de lidiar con el temible Congreso estadounidense.
El primer agradecimiento que lanzó Barack Obama en su discurso tras ganar su segundo mandato en noviembre fue para Biden, el hombre al que ha llamado "el guerrero feliz de Estados Unidos", y desde ese momento el vicepresidente no se ha mantenido quieto ni un instante.
Cuando las arduas negociaciones con el Congreso para evitar un aumento de impuestos y un recorte masivo de gastos parecían colapsar, Obama se apoyó en Biden para conseguir resultados.
Tras la tragedia de Newtown en diciembre, cuando 20 niños fueron masacrados en una escuela, una vez más fue el vicepresidente el encargado de recopilar propuestas para evitar en el futuro este tipo de hechos.
Su persistente presencia en el escenario político ha llevado incluso a cambiar el discurso de analistas que hasta hace poco desdeñaban la posibilidad de que Biden pueda lanzarse a la presidencia en 2016.
Con 70 años de edad, no parece muy probable que se postule a la presidencia en tres años, pero su proyección sigue en aumento a medida que se convierte en indispensable para Obama en tiempos de crisis.
Biden, cercano a las clases populares, bromista y de contacto fácil con los electores, contrasta con el más frío Obama, pero precisamente su propensión a hablar con un estilo directo lo ha llevado a meter la pata en varias oportunidades.
Su apoyo al matrimonio homosexual en mayo pasado forzó a Obama a mostrar su posición favorable al respecto antes de lo previsto por la Casa Blanca.
Durante la campaña para las presidenciales de noviembre, en un acto en el antiguo Estado esclavista de Virginia (este), afirmó que propuestas del candidato republicano Mitt Romney volverían a poner "cadenas en los pies" a los estadounidenses.
Poco después, dijo que la clase media había sido "devastada estos últimos cuatro años", es decir, durante el gobierno de Obama, lo que fue utilizado hasta el cansancio por la campaña republicana para tratar de demostrar el fracaso económico de la administración demócrata.
Biden ha sido una baza importante para Obama frente al dividido Congreso, donde ha protagonizado numerosas pulseadas con la oposición republicana.
Siempre sonriente, Biden representó por 36 años ininterrumpidos al estado de Delaware (este) en el Senado estadounidense, antes de que Obama lo designara como su vicepresidente,
Joseph Robinette Biden Junior, un católico hijo de vendedores de automóviles de Pensilvania (este), fue el primer integrante de su familia en obtener un diploma universitario y fue elegido senador a los 29 años en 1972.
El comienzo de su carrera política quedó marcada por la tragedia: poco después de su elección, justo antes de Navidad, su mujer y su hija de 13 meses perdieron la vida en un accidente de carretera. Solo dos hijos varones sobrevivieron, Beau y Hunter.
Tiene también una hija, Ashley, con su segunda esposa, Jill, profesora universitaria.
Biden buscó infructuosamente la investidura presidencial demócrata en 1987, y volvió a probar suerte en 2007, pero se retiró al hacerse evidente rápidamente que la pelea por la candidatura demócrata sería un pulso entre Barack Obama y Hillary Clinton, sus colegas en el Senado
