actualizado el 15 de marzo de 2013 a las 02:21 PM

José Hernández, el campesino mexicano que llegó al espacio

Su deseo ser astronauta llegó cuando tenía nueve años de edad. Foto: Getty Images
Su deseo ser astronauta llegó cuando tenía nueve años de edad.
Foto: Getty Images
 

En un país donde muchos inmigrantes apuestan al “sueño americano”, José Hernández, el primer mexicano en ir al espacio, da fe de que “sí se puede”. Este latino de 50 años está más convencido que nunca de que la gente que trabaja fuerte para conseguir sus metas, las logrará, como él, quien de trabajar en las cosechas en los campos, pasó a tripular un vuelo de la NASA en 2009.

Viniendo de una familia de inmigrantes pobres que trabajaba el campo, tuvo que demostrarle, incluso a sus allegados, que no descansaría hasta ver realizado su sueño.

Su deseo de ser astronauta le llegó cuando tenía nueve años de edad. “Era la época de Apollo 17, y vi por televisión que caminaban por la superficie de la luna, ahí supe que yo también quería ir al espacio”, recuerda.

Después de eso, un día se encontraba cosechando verdura en Stockton, California, y escuchó por radio que Franklin Chang-Díaz, de origen costarricense, había sido seleccionado para el programa de astronautas de la NASA y que sería el primer latino en el espacio. Esto lo impulsó aún más a perseguir su sueño.

Según este ingeniero eléctrico, graduado de la Universidad de California, su mayor obstáculo para llegar al espacio fue “hacer esa transición de ser campesino a ponerme a estudiar y hacer algo de mi vida. A veces los familiares no comprenden y sin embargo valió la pena”.

Además, “sabía que 'la tenía' un poco más difícil por ser hispano, tenía que trabajar más duro que cualquier otra persona para tener la mitad del crédito, porque aunque la discriminación en la NASA es más sutil porque la agencia se cuida mucho; sí existen estereotipos o prejuicios de algunas personas hacia los hispanos”.

Pero Hernández ya venía trazando su camino desde temprana edad y dice que la discriminación que sufrió cuando era niño fue mucho más fuerte que cualquier obstáculo en la NASA.

El 'cometacos'

“Me decían ‘Cometacos’ y se burlaban de mí por no hablar inglés”, recordó. Y es que inicialmente su familia solo venía por temporadas a Estados Unidos para trabajar en el campo. Pero fue cuando tenía 12 años que una maestra le dijo a su padre que sería más beneficioso para su desarrollo académico si se establecieran en un solo lugar. Fue allí que su padre decidió hacer de California  su casa. Y José Hernández aprendió el idioma.

Antes de que se establecieran en California, cada marzo viajaban de México a Stockton, al sur de ese estado, para trabajar hasta noviembre. Allí ayudaba en la cosecha de fresas y pepinos en las granjas. Tras terminar la cosecha regresaban a México en Navidad e iniciaban el ciclo de nuevo en la siguiente primavera. Tanto Hernández como sus tres hermanos mayores tenían que trabajar durante siete días en los campos agrícolas para ayudar a sus padres, en las décadas de los 60 y 70.

Sus padres Julia Moreno y Salvador Hernández, originarios de La Piedad, en el estado mexicano de Michoacán, tomaron una decisión sabia al detener los constantes viajes y eso ayudó a que él y sus hermanos pudieran desarrollarse a nivel educativo.

La mejor cosecha vino más de tres décadas después, cuando Hernández llegó a la NASA. El hijo de trabajadores mexicanos ingresó a la agencia espacial en 2001 como ingeniero de Investigación en materiales en el Centro Espacial Johnson en Houston y fue seleccionado como astronauta en 2004.

La misión de Hernández fue la STS-128, convirtiéndose en parte de la 19va. generación de la NASA. 

El 28 de agosto de 2009 abordó el Discovery para completar la construcción de la Estación Espacial Internacional. Además, llevaron toneladas de equipo, comida y agua para otros astronautas que se encontraban trabajando allí.

“Al despegar sentí una gran emoción y ya después te empiezas a enfocar en la misión. Yo como ingeniero de vuelo estuve observando los instrumentos y hablando con los dos pilotos dándole la información que necesitaban durante el ascenso para llegar a la trayectoria correcta “, sostuvo. A Hernández lo acompañaban otros seis tripulantes.

Fuera de la órbita terrestre pensó en su familia. Su  hijo menor le había pedido “un pedacito de espacio. Yo lo que hice es que tenía un envase de plástico y me lo llevé y allá arriba lo abrí y lo cerré y le dije que ya tenía aire del espacio”, le dijo a Terra con una sonrisa.  Asimismo, habló de la paciencia de su esposa durante el periodo preparatorio.

El astronauta está casado desde hace 21 años y es padre de cinco niños. Antonio Hernández es el más pequeño de la familia y quien le pidió el peculiar recuerdo a su familia. Sus otros hijos son Julio Hernández, de 18 años, quien intenta seguir los pasos de su padre y está en su primer año de ingeniería eléctrica. Le siguen Karina Hernández de 17 años, Vanessa de 15 y Yesenia de 13 años.

En una entrevista con Univisión antes de salir al espacio Hernández había dicho: “uno pasa horas estudiando los sistemas del transbordador, entrenando largo tiempo y muchas veces pasa que  tienes que pagar el costo de pasar menos tiempo con la familia. Pero gracias a Dios, yo tengo una esposa que es muy linda y me comprende y me apoya mucho y también los niños que tenemos me apoyan mucho”.

Hoy, sigue igual de agradecido con su familia porque la carrera demanda mucho tiempo fuera de la casa. Sin embargo, explica que todo llegó en el momento indicado porque sus hijos estaban pequeños y ahora que son adolescentes puede pasar mucho más tiempo con ellos.

A pesar de ser astronauta, Hernández siempre tuvo “los pies en la Tierra”. Mientras entrenaba  para ir al espacio, en las tardes llegaba para ayudar al restaurante de su esposa, Tierra Luna Grill.

‘‘Yo era un muy buen lava platos. Cuando llegaba de mis prácticas en el simulador del transbordador, de volar jets, me dedicaba a colaborar en la cocina”, dijo en otra entrevista con QuéRicaVida.com. La diferencia de este trabajo es, según dijo, que en el restaurante era premiado con buena comida y en el espacio eso fue lo más extrañó.

Lo bueno y lo malo de la cancelación de vuelos tripulados al espacio

José Hernández creció con la ilusión de ir al espacio. Sin embargo, actualmente no se están lanzando vuelos tripulados.

En 2010, Obama anunció la anulación del programa “Constellation” de la NASA, haciendo otras inversiones en investigación y desarrollo.

El único astronauta de origen mexicano en ir al espacio le dijo a Terra, “no apruebo que después de descartar los vuelos tripulados de la NASA; Estados Unidos está tratando con los rusos e invirtiendo su dinero allá en vez de acá”.

Pero por lo otro lado, le da gusto "que ya hay empresas privadas estadounidense como SpaceX que se están capacitando para poder ir al espacio". Hernández está satisfecho de que los experimentos de estas empresas hayan sido exitosos y que en algún momento no solo los astronautas podrán ir al espacio, sino cualquier persona.

“Aunque la NASA no se está quedando atrás porque está invirtiendo en el diseño de una nueva nave muy similar a Apollo. Será un cohete de alta potencia que no solo tendrá la capacidad de ir a la estación espacial, sino que también podrá ir a la luna a donde tendríamos que regresar si algún día pretendemos ir al planeta Marte”, dijo Hernández esperanzado de que se hagan más descubrimientos en el futuro.

Hernández pronosticó que es probable que dentro de cuatro a cinco años la NASA reanude los vuelos tripulados. De esa forma, quizás habrá otros que “alcancen las estrellas” como describió él en su libro “Reaching For The Stars”.

Hernández se retiró de la NASA en el 2011, pero dice que lo volvería hacer porque a pesar de los peldaños en el camino no hay “palabras que la hagan justicia” a la experiencia de ir al espacio.

Terra