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21 de agosto de 2012 • 03:54 PM • actualizado a las 04:40 PM

La reforma migratoria, el cuento de nunca acabar

Los republicanos han moderado su discurso en cuanto al tema migratorio, mientras Obama sigue prometiendo al reforma migratoria.
Foto: Getty Images

"El cuento de nunca acabar" esa es la historia de la reforma migratoria en Estados Unidos.

Por un lado el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, dice que hará todo lo que esté a su alcance para su aprobación y que si no ha podido hacer nada es porque está "atado de manos" en el Congreso; y por el otro el candidato republicano, Mitt Romney, dice que su gobierno no pondrá parches como los demócratas y en cambio buscará una solución permananente al problema de inmigración.

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Entre más se acercan las elecciones del 6 de noviembre, los dos son cada vez más cautelososo con lo que dicen con relación al tema de inmigración. Y es que una "metida de pata" a este punto les puede costar el voto latino y por ende la elección.

Por esto es que Mitt Romney y Barack Obama están muy bien portaditos en los últimos días y ahora la pelea no es quién es más duro con los indocumentados, sino que compiten para mostrar su lado más comprensivo.

Basta con recordar lo que pasó en junio durante la Conferencia Anual de la Asociación Nacional de Funcionarios Latinos Elegidos (NALEO, por su sigla en inglés), pues a Obama y a Romney les faltó ponerse un rótulo que dijera, "Yo soy más bueno con los inmigrantes".

"Mientras yo sea presidente, lucharé por obtener una reforma migratoria integral", dijo Obama ante unos 1,000 miembros hispanos en Florida.

Obama y Romney: Las diferencias que lo separan

Mientras, Romney se jactó al decir que Obama esperó tres años y medio para ofrecer ese alivio migratorio y que fue por motivos electorales que detuvo las deportaciones a los "Dreamers".

"No me conformaré con medidas provisionales (...) trabajaré con ambos partidos en el Congreso para lograr soluciones a largo plazo con el fin de fortalecer la inmigración legal", agregó Romney, durante su discurso en la Conferencia de NALEO.

Pero mi pregunta es de qué sirve esta disposición si al final de cuentas la mentada reforma no da ni las luces.

En junio de 2011 el senador demócrata, Bob Menéndez, promulgó una iniciativa de reforma migratoria muy similar a un proyecto dado a conocer en septiembre de 2010. El plan fue avalado también también por los senadores demócratas Harry Reid (Nevada y líder de la cámara alta), Patrick Leahy (Vermont) y Richard Durbin (Illinois). Esta versión a cambio de la del año antepasado contemplaba mayor aceptación al "E-Verify", también defendido por los republicanos. Pero, cataplún, el proyecto se cayó. No fue avalado por ningún republicano.

Vota por Obama o Romney

La reforma migratoria no es un tema nuevo. George W. Bush viajó a Yuma, Arizona, para analizar su estrategia de seguridad fronteriza y anunciar la pronta entrega al Congreso de una propuesta migratoria "integral". La reforma migratoria de Bush contemplaba cinco puntos claves. Primero, oportunidades para los inmigrantes recién llegados y luego, seguridad fronteriza, trabajadores temporales, freno a la contración de indocumentados y legalizar a los indocumentados sin estatus legal en el país.

Aquellos que fueran elegibles tendrían que pagar cuantiosas multas y no conseguirían la ciudadanía en por lo menos dos décadas. Pero, también esto se quedó en el tintero.

El gobierno de Bill Clinton ha sido uno de los más abiertos con los inmigrantes durante los últimos años. Clinton concedió una amnistía a los extranjeros en 1994. La concesión duró hasta el 1997, dando lugar a que 578,000 inmigrantes obtuvieran un estatus legal.

En 1997 vino el Ajuste Nicaragüense y Alivio Centroamericano Act (NACARA) que concedió la amnistía a 1.000.000 de inmigrantes indocumentados provenientes de Centroamérica. En el 2000, le concedió amnistía a alrededor de 400.000 inmigrantes sin papeles que afirmaron que deberían haber sido objeto de amnistía, pero no estaban bajo la Reforma de Ley de Inmigración y Control de 1986, concedida por el republicano Ronald Reagan.

Es cierto que los demócratas han tenido algunas concesiones con los inmigrantes, pero aún hay 11 millones de indocumentados en el país que siguen sin solucionar su situación.

El problema es que esta solución permanente tiene que venir ya.

Aquellos inmigrantes que llevan años separados de sus familias lo piden a gritos. Es necesario que se logren acuerdos bipartidistas para que esto sea posible.

Hay que ser realistas, no se dará mientras haya divisiones entre el Poder Ejecutivo y el Congreso, o entre la Cámara Baja y la Alta, pero mientras la reforma "baila" de un lado a otro yo seguiré pensando que hasta que no se apruebe la reforma, para los indocumentados un demócrata o un republicano serán "la misma vaina".

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