Medio Oriente

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12 de abril de 2013 • 10:51 AM

Obstáculos impiden a equipo de ONU avanzar en investigación de armas químicas en Siria

Un oficial del Ejército sirio ordena a sus soldados antes de una ofensiva en la zona de Liramoun, abr 11 2013. Un equipo de expertos liderado por Naciones Unidas está en Chipre esperando la autorización para investigar acusaciones sobre ataques con armas químicas en Siria, pero la misión ha sido demorada por una disputa diplomática sobre sus atribuciones y cómo mantener a sus integrantes a salvo.
Foto: George Ourfalian / Reuters
 

Un equipo de expertos liderado por Naciones Unidas está en Chipre esperando la autorización para investigar acusaciones sobre ataques con armas químicas en Siria, pero la misión ha sido demorada por una disputa diplomática sobre sus atribuciones y cómo mantener a sus integrantes a salvo.

El equipo de al menos 15 investigadores incluye químicos analíticos, capaces de recolectar y probar muestras sospechosas, y expertos de la Organización Mundial de la Salud que analizarán los efectos médicos de la exposición a toxinas y que podrían analizar a las supuestas víctimas.

Por ahora, el despliegue está estancado.

Siria ha pedido que el equipo investigue lo que dice fue un ataque de rebeldes en la ciudad norteña de Aleppo el mes pasado.

Pero Damasco ha rechazado las demandas de la oposición de que los inspectores también sean enviados a evaluar otras localidades donde los rebeldes afirman que fuerzas del Gobierno usaron municiones químicas.

El secretario general de Naciones Unidas, Ban Ki-moon, afirma que la misión sólo puede ser exitosa si considera las acusaciones de todas las partes.

Miembros del Consejo de Seguridad de la ONU están divididos sobre el tema, ya que Rusia apoya la posición del Gobierno sirio y Estados Unidos, Gran Bretaña y Francia respaldan a la oposición.

La misión pondrá a prueba las habilidades diplomáticas de su líder, el científico sueco Ake Sellstrom, quien ayudó a desmantelar un programa de armas químicas y biológicas en la década de 1990.

"Es competente y honesto, lo que es muy importante", dijo el ex jefe de Sellstrom en Irak, Rolf Ekeus, a Reuters. "No es un político o un diplomático sino un científico. Tiene experiencia en Irak durante tiempos duros, así que sabe cómo enfrentar batallas empinadas", agregó.

Pero desplegar inspectores en las líneas del frente de una guerra sectaria sería un hecho sin precedentes y, según un inspector veterano de armas, riesgoso al punto de ser imprudente.

"Cualquier persona occidental que se ofrezca de voluntaria para un equipo como ese debe verlo como una misión suicida. El terreno es demasiado inestable", dijo Robert Kelley, un estadounidense que lideró un equipo de inspección de la Agencia Internacional de Energía Atómica en Irak, a Reuters.

"Hay pocas posibilidades de éxito técnico y pueden ser usados por propagandistas de cualquier bando por cualquier razón", agregó.

"LINEA ROJA"

El equipo de Sellstrom no tiene el mandato para determinar quién es el culpable de posibles ataques, sino para establecer científicamente si se han usado armas químicas en el conflicto de dos años de duración, que ha dejado 70.000 muertos.

La Organización para la Prohibición de Armas Químicas, con sede en La Haya, proporciona científicos y equipamiento. El grupo estará integrado por expertos provenientes principalmente de países nórdicos, América Latina o Asia. Ninguno pertenecerá a un miembro permanente del Consejo de Seguridad de la ONU para evitar la apariencia de parcialidad.

Países occidentales creen que Siria tiene reservas de armas químicas y que su utilización sería una "línea roja" que podría justificar una intervención militar extranjera.

Damasco no ha confirmado públicamente si posee armas químicas, pero dice que nunca las usaría en un conflicto interno.

Siria también dice que le preocupa que los inspectores terminen jugando el papel que tuvieron en la vecina Irak, donde sus sospechas de que el ex líder Saddam Hussein estaba ocultando armas fueron utilizadas por Washington para justificar la invasión del 2003.

(Reporte adicional de Stephanie Nebehay en Ginebra, Fredrik Dahl en Viena, Oliver Holmes en Beirut y Louis Charbonneau en Nueva York. Editado en español por Lucila Sigal)

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