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21 de diciembre de 2012 • 05:54 AM

El regreso del PRI al poder consolida la alternancia política en México

 

México cumplió este año una etapa clave en la consolidación de su transición política con el regreso al poder del Partido Revolucionario Institucional (PRI) después de doce años en la oposición, por primera vez en su historia casi centenaria.

Enrique Peña Nieto, de 46 años, asumió la Presidencia de México el pasado 1 de diciembre tras ganar los comicios del 1 de julio que, como suele ocurrir en la reciente historia electoral del país, no estuvieron exentos de irregularidades.

En esa votación, Peña Nieto, el candidato elegido por el PRI (PRI) obtuvo 19.158.592 votos, muy por delante del aspirante de la izquierda, Andrés Manuel López Obrador, que logró 15.848.827 sufragios.

Peña Nieto consiguió así el 38,21 % de los votos emitidos, frente al 31,61 % de López Obrador y el 25,39 % de Josefina Vázquez Mota, la candidata de Partido Acción Nacional (PAN), la fuerza política que gobernó México en los últimos doce años.

"El ciudadano Enrique Peña Nieto es presidente electo de los Estados Unidos Mexicanos, para el período del primero de diciembre del 2012 al 30 de noviembre del 2018", sentenció el máximo tribunal electoral al dar por válida la elección, el pasado 31 de agosto.

Se cerró así la revisión de 365 demandas de juicio de inconformidad presentadas en su mayoría por la coalición izquierdista que postuló a López Obrador en 296 de los 300 distritos electorales, y una general para intentar anular la elección presidencial.

La izquierda se amparó en la Constitución al asegurar que la compra masiva de votos que denunció vulneraba el principio de autenticidad de las elecciones y además pedía la anulación de la candidatura de Peña Nieto por haber excedido supuestamente los gastos de la campaña.

Confirmado su triunfo en las urnas, Peña Nieto llevó al poder al PRI doce años después de que abandonara la Presidencia tras haber acaparado la vida política de México durante siete décadas, un período que llegó a ser calificado como la "dictadura perfecta".

Pero ese retorno al poder se produce con un PRI que ha vivido sus propias transformaciones, con un país cambiado y una población que difícilmente aceptaría la concentración del poder de antaño, pero también con retos distintos a los de hace doce años.

"En el actual marco democrático, el PRI deberá enfrentar un México inseguro y violento, sin posibilidad de regresar el reloj a los tiempos de la dictadura perfecta", sostiene Enrique Krauze, uno de los más prestigiosos comentaristas políticos de México.

"Creo que la sociedad abierta de hoy es más incierta y peligrosa que la sociedad protegida de ayer, pero también es más real", agrega Krauze.

Peña Nieto llega al poder con un país desangrado por una violencia desatada por los narcotraficantes y otros grupos del crimen organizado que ha generado decenas de miles de muertos, la mayoría por disputas internas entre las diferentes bandas.

Esa violencia ha marcado la última etapa de la gestión de Felipe Calderón, que cuando asumió el poder, en 2006, involucró a las Fuerzas Armadas en tareas de seguridad pública al considerar que los cuerpos policiales estaban desbordados o no eran aptos para esa lucha.

El papel castrense ha permitido a México este año anotarse varios triunfos en la lucha contra los cárteles, incluyendo el abatimiento de uno de sus principales líderes, Heriberto Lazcano, alias "El Lazca", máximo jefe del temido grupo de "Los Zetas" y quien murió en un choque armado con tropas de la Marina el pasado 7 de octubre.

El nuevo gobernante, que durante la campaña electoral fue muy difuso a la hora de definir cuál sería su estrategia para enfrentar el crimen organizado, inauguró su mandato con un mensaje en el que dejó claro cuál será su principal preocupación.

"El primer eje de mi Gobierno es lograr un México en paz. Pondremos al ciudadano y a su familia en el centro de las políticas de seguridad", afirmó en su discurso de toma de posesión.

"Estoy convencido que el delito no sólo se combate con la fuerza", agregó, y anunció un programa integral para la prevención del delito que aúne los esfuerzos colectivos de todo el Gobierno y de todos los niveles del poder.

De momento, en un gesto pocas veces visto en la reciente historia política de México, los tres principales partidos suscribieron al día siguiente de la investidura presidencial un pacto para la gobernabilidad democrática, la transparencia y la protección de derechos y libertades, entre otros temas.

"México comienza una nueva etapa de su vida democrática. Ha llegado el momento del encuentro y del acuerdo", afirmó en esa ocasión el flamante presidente.

Se cerraba así una etapa de desencuentros políticos y se abría una fase en la que el PRI, sin mayoría en el Parlamento, se ve forzado a la búsqueda de consensos, no sólo con el resto de las fuerzas políticas, sino con los gobernadores de los estados, que cada día han ganado más poder.

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