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23 de enero de 2013 • 06:03 AM

Las inabarcables e incontrolables fronteras del África noroccidental

 

El reciente ataque terrorista contra la planta de gas argelina de In Amenas, del que hoy se cumple una semana, ha dejado de nuevo al descubierto la porosidad de las fronteras del África noroccidental, donde se mueven con total libertad grupos armados y traficantes de drogas, armas y personas.

"Los asaltantes salieron hace dos meses de la ciudad de Aguelhok, en el norte de Mali, se desplazaron a Níger, se reagruparon en Libia y después lanzaron su ataque" en Argelia, dijo el lunes el primer ministro argelino, Abdelmalek Selal, para describir el viaje de miles de kilómetros que recorrieron los terroristas a lo largo de cuatro países antes de dar el golpe.

A pesar de que Argelia cerró hace un mes la frontera con Mali y de que ha desplegado refuerzos para mejorar su control, Selal reconoció que "es una zona inmensa, difícil de vigilar. Hace falta al menos dos veces (las fuerzas de) la OTAN para eso".

La impotencia que se desprende de las palabras de Selal es la misma que muestran los responsables de la mayoría de países de la región, como Túnez, Libia o Níger.

Analistas y políticos coinciden en señalar la caída del régimen libio de Muamar al Gadafi en 2011, el desmoronamiento de sus instituciones y la proliferación incontrolada de armas en ese país, como el origen del reciente deterioro de una situación ya de por sí delicada.

En Túnez y en Argelia se han interceptado importantes alijos de armas procedentes de los antiguos depósitos de Gadafi y los rebeldes tuareg y salafíes que se hicieron con el control del norte de Mali en marzo del año pasado nutrieron sus arsenales con armamento libio.

Un dirigente del partido opositor tunecino "Nidá Tunis", Lazar Akremi, reconoció a Efe apesadumbrado que "Túnez se ha convertido en un pasillo por donde circulan armas" de Libia.

"Necesitamos ayuda de Europa para restablecer la seguridad fronteriza, sobre todo con Libia, cuyas dificultades en reestructurar el Estado anima a muchos clanes mafiosos al comercio ilegal con sus iguales libios", indicó a Efe un responsable del partido tunecino en el Gobierno, Al Nahda, que señaló la falta de material como una de las principales carencias del país.

Ante la gravedad de la situación, Libia, Argelia y Túnez firmaron en la ciudad libia de Gadamés, cuatro días antes del ataque terrorista de In Amenas, un acuerdo de coordinación en materia de seguridad de fronteras y de lucha antiterrorista y contra el narcotráfico y el crimen organizado.

Los primeros ministros de Argelia, Abdelamalek Selal; de Túnez, Hamadi Djabali, y de Libia, Ali Zidán, manifestaron entonces que la situación en Mali se había "deteriorado" de tal manera que podría tener consecuencias para la seguridad y la estabilidad de la región.

Incluso crearon una célula conjunta para seguir la situación. Nada pudo evitar el sangriento asalto en el que murieron 37 trabajadores extranjeros y un argelino, así como 29 hombres armados y un gendarme argelino.

El pasado noviembre, el presidente de Níger, Mahamadou Issoufou, no ocultaba las dificultades para controlar las fronteras.

"Necesitamos reforzar nuestras capacidades de inteligencia y los medios aéreos para vigilar un territorio muy extenso. Y reforzar también nuestras fuerzas terrestres. Necesitamos que nuestros amigos nos sigan ayudando en esos tres planos", declaró Issoufou antes de un viaje a París.

En Níger, la Unión Europea, muy preocupada por las implicaciones que el deterioro de la situación en esta vasta región africana pueda tener para su propia seguridad, lanzó el pasado agosto una misión para luchar contra la delincuencia organizada y el terrorismo en el Sahel (EUCAP Sahel), que nació con intención de extenderse a otros países como Mali o Mauritania.

"Muchas fronteras no son físicas, es decir, que son casi imaginarias, porque es solamente una línea sobre la arena, lo que hace que nadie sepa dónde se encuentra", aseguraba a Efe el pasado octubre en Niamey Francisco Espinosa, jefe de la EUCAP, en relación a las fronteras nigerinas.

Una afirmación que podría aplicarse a prácticamente todas las demarcaciones fronterizas desde Marruecos hasta Libia y desde Túnez hasta Nigeria, donde el tráfico de drogas, armas y personas es moneda de cambio casi diaria.

El presidente del Parlamento Europeo, Martin Schulz, resumió el pasado día 17, tras el ataque en In Amenas los temores expresados por muchos líderes europeos.

"Este suceso demuestra la tensa situación que se vive en el Sahel. La amenaza yihadista no solo es para la región sino también para la Unión Europea", dijo ante los parlamentarios de la Eurocámara.

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