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29 de junio de 2012 • 01:03 AM • actualizado a las 11:02 AM

'Un whisky por favor'; viaje al corazón del "Scotch"

Alastair Macdonald-Buchanan, relata como su abuelol se involucró en la industria del whisky.
Foto: Luminosity
 

Empacar las maletas cuando regresas es distinto a cuando lo haces para ir. Cuando vas, empacas también expectativas y aventuras, pero de regreso la realidad es otra. Eso fue lo que me sucedió a mí por enésima vez en la vida el último día de mi viaje por el Reino Unido; y estoy segura que a todos.

Fuimos la mejor mancuerda por una semana. Aprendimos, respiramos y catamos whisky. No faltó la buena mesa, ni los buenos comentarios, los chistes y hasta los discursos. Algunos serios y otros más relajados. Unos de whisky y el resto de la vida. Pero, todos cargados de emoción por todo lo vivido en solo cinco días.

“Tranquilo Gregorio”, como dirían mis colegas de México, porque esto no se acaba.

Las anécdotas son miles, pero el propósito era conocer los orígenes del whisky Buchanan. Más de una decena de periodistas acudimos a la cita.

La mayoría pisó Londres el lunes a medio día, de donde partiríamos rumbo a las Tierras Altas (Highlands) de Escocia.

No fue un vuelo en primera clase, sino un viaje de primera clase. Esa noche nos quedamos en Piccadilly Circus. Exactamente el lugar donde se paseaban los Beatles y los Rolling Stones en los 60.

El reloj corría de prisa y llegó la hora de conocer el Parlamento o House of Lords. Esta parada no fue casualidad. James Buchanan, el creador del whisky Buchanan, había sido el primer barón de Woolavington.

En el parlamento inglés las audiencias se llevan a cabo casi como en la época victoriana. Los hombres debaten las leyes con sus pelucas tradicionales. Y las mujeres visten muy conservadoras.

De ahí pasamos a nuestra primera cata, dentro del parlamento.

Ewan Gunn, embajador mundial del whisky escosés para Diageo, nos introdujo a la aventura con un  Buchanan 12 años, caracterizado por su sabor dulce y un delicado aroma ahumado por las barricas de roble donde es añejado.

Allí quienes estábamos incursionando en el mundo del whisky comenzamos a enamorarnos de la bebida. Con copas arriba se hizo el primer brindis de la tarde.

La cena sería en el hotel donde nos hospedamos, The Stafford London. Llegada la hora nos encontramos en la cata subterránea del hotel tipo boutique.

Un comedor para más de 15 invitados nos esperaba. Fue entonces cuando me llevé mi primera lección: No solo el vino sirve para acompañar la comida, sino también el whisky.

Los whiskies van perfectos con chuletas de cerdo o con cualquier carne roja intensa. Justo lo que cenamos esa noche, acompañado por una copa de Buchanan 18.

Y como diría uno de nuestros acompañantes, el profesor Alberto Soria en su libro “Mi whisky, tu whisky, el whisky”, “ellas los prefieren maduros”, y yo me incluyo.  Su sabor tiene muy poca presencia de turba. 

Después de la velada había que prepararse para lo que nos esperaba el día siguiente; la visita a Alastair Macdonald-Buchanan, bisnieto del padre de la marca.

A las 7:30 a.m. en punto todos estábamos en lobby listos para partir a la que anteriormente fuera la propiedad de James Buchanan. Los grupos entre colegas comenzaban a tejerse, pero en cada rincón se respiraba expectativa. Sería la primera vez que el bisnieto de Buchanan recibiría a la prensa en su casa.

Desde Londres nos trasladamos a las afueras de Inglaterra, Cottesbrooke Hall, lugar donde está ubicada la residencia.

Las instrucciones habían sido claras: Debíamos evitar preguntas personales y no podíamos grabar, solo tomar nota.

Allí la historia fue otra. Nos topamos con una persona muy abierta y feliz de recibirnos en su casa o más bien en su “palacio”. Él y su esposa Sheran, nos recibieron como a cualquiera de sus amigos.

Las paredes de la mansión contaban la historia de James Buchanan y sus pasiones aparte del whisky: los caballos y la caza.

Decenas de cuadros colgados hablaban por él. Aunque Buchanan nunca vivió permanentemente en ese lugar, no faltó la caballeriza para practicar su deporte favorito.

Esa pasión por los caballos también la heredó su bisnieto. Macdonald-Buchanan es dueño de Lavington Stud,  junto con su padre, una caballeriza establecida por James Buchanan.

Después de recorrer toda la casa, la mesa estaba servida. Espárragos, una tarta salmón fresco, pato en salsa de frambuesa, puré de papas y un pastel de chocolate con helado de chocolate blanco fueron la carta perfecta para acompañar nuestro whisky. Ya éramos unos expertos en el brindis escocés así que antes de irnos alzamos nuestras copa al sonido conjunto del Slangeva! (¡Salud! en gaélico).

Desde la casa nos trasladamos al aeropuerto para partir rumbo a Escocia. Tras a aterrizar fuimos a las Tierras Altas para hospedarnos en el Gleneagles Hotel. El escondite ideal para ir de cacería, jugar golf y relajarse en medio del campo.

Lugar, donde en el 2005, el ex presidente George W. Bush se hospedó para discutir con el primer ministro inglés, Tony Blair, el Protocolo de Kyoto.

El tiempo corría de prisa y llegó la hora de la cena con la compañía de Ian Williams, embajador del whisky Johnie Walker, otro de los spirits de Buchanan.

El miércoles visitamos la destilería Dalwhinnie. El olor a malta nos saludó al llegar. Tanteamos la cebada, observamos el proceso de malteado, la fermentación, destilación y el área donde los whiskies eran añejados y de ahí nos adentramos más al norte para ir a nuestro castillo, el hotel Iverlochy Castle.

Sin duda, un privilegio porque mucho antes de que llegáramos nosotros, allí estuvo la  Reina Victoria.

Iverlochy fue el punto de reunión con los “masters blenders” de Buchanan, Keith Law  y Maureen Robinson, creadora del escocés Buchanan’s Master.

Los últimos días los pasamos entre whisky, la destilería Oban y faldas. No se asuste, me refiero a los tradicionales kilts. A cada hombre se le entregó uno para cerrar con broche de oro el día final de nuestra estadía y brindar con un Master. Slangeva!

Terra