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21 de octubre de 2012 • 09:21 AM • actualizado a las 09:22 AM

Uzbekistán: Médicos y enfermeras forzados a recoger algodón

La cosecha de algodón en Uzbekistán: hecha a mano y por médicos y enfermeros. Todo sea por los niños.
Foto: GETTY IMAGES

Malvina, enfermera de una clínica en la uzbeca capital, Tashkent, está enojada. "Tengo casi 50 años y sufro de asma. Tuvimos que recoger un montón de algodón, todo a mano, ¡y no nos pagaron nada!"

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Acaba de volver del campo, donde trabajó durante 15 días junto a otros profesionales de la salud.

Es trabajo duro, y nadie pudo librarse, sin importar la edad.

"Algunas personas llamaban al cirujano que estaba con nosotros en la cosecha y le decían: 'Tú me operaste la semana pasada, y tengo fiebre, ¿qué debo hacer?'", cuenta Malvina.

Todos al algodón

Uzbekistán es uno de los principales productores algodoneros del mundo y su cosecha es el pilar principal de su economía.

El gobierno controla la producción y hace cumplir las cuotas de cosecha.

Un historial de trabajo forzado e infantil llevó a marcas internacionales de ropa como H&M, Adidas o Marks and Spencer a boicotear el algodón uzbeco.

En respuesta, el primer ministro Shavat Mirziyayev prohibió este año por decreto que los niños trabajen los campos de algodón.

Pero muchos adultos, entre ellos maestros, limpiadores y personal sanitario, todavía son forzados a trabajar conseuchando durante los meses de octubre y noviembre.

Según reportes, algunos pacientes no pudieron ser atendidos porque su médico se encontraba "en el algodón".

Malvina, quien prefirió no dar su verdadero nombre, le dijo a la BBC que desde el año pasado las autoridades de la provincia de Tashkent pidieron a cada distrito que contribuyera con 330 miembros del personal sanitario.

Poco después, en una tensa reunión en la clínica en la que trabaja, se decidió quién iría a recoger algodón.

Desafortunadamente para ella, su asma no fue razón suficiente para evitarle el trabajo.
"De pronto todos tenían algo -dolor de espalda, hipertensión, o cualquier cosa- y cuando la jefa escuchó esta lista de males dijo: 'Basta, no quiero escuchar más, va a ir todo el mundo, a excepción de las mujeres embarazadas o las que estén dando el pecho a sus bebés."

Quien se negara, sería despedido.

Malvina relata que los trabajadores se tenían que levantar a las 4 de la mañana y caminar más de una hora antes de comenzar sus labores. Terminaban alrededor de las 6 de la tarde.
"Teníamos que recoger 60 kilos de algodón cada uno. Si no alcanzábamos esa meta, teníamos que comprar lo que faltaba a los campesinos del lugar".

Como no había suficiente lugar en la escuela donde dormían los trabajadores, Malvina y sus colegas tuvieron, además, que pagar por su alojamiento y por utilizar los baños locales.

Universidades cerradas

Para muchos uzbecos, la temporada de recogida del algodón es una carga impredecible. Un profesor universitario de la región de Samarcanda que no quiso revelar su nombre le contó a la BBC que este año estuvo enfermo y no pudo participar.

"Tuve que contratar a otra persona y pagarle US$100 para que recogiera algodón por mí", dijo el profesor, "pero entonces el rector de la universidad retuvo mi salario mensual y dijo que era para alimentar y albergar a los trabajadores del algodón, así que perdí otros US$200".

Sin embargo, está contento por el hecho de que los niños no tuvieran que abandonar la escuela.

El decreto que prohíbe el trabajo infantil parece haber surtido efecto.

Aunque Yelena Urlayeva, una activista que viaja por la república exsoviética cada año para documentar los abusos, informó que algunos niños fueron reclutados para la cosecha por la escasez de mano de obra.

Las autoridades uzbecas no quisieron dar a conocer su posición en este reportaje, pero una página de internet cercana al gobierno negó recientemente la presencia de niños en los campos de algodón.

Según lo que estipula el decreto, un "niño" es cualquiera menor de 15 años. Los estudiantes de más edad aún son enviados a trabajar en la cosecha y todas las universidades cerraron durante la temporada del algodón como lo hacen cada año.

Para Urlayeva, estos recolectores también son demasiado jóvenes.

"Aún son niños y algunos enferman porque las condiciones son muy duras. Hace mucho frío y la comida no es buena", dice.

Y agrega que los padres que intentan llevarse a los jóvenes enfermos de la cosecha son amenazados con la expulsión de la universidad.

Oro blanco

Uno de los organizadores del boicot internacional, el grupo Responsible Sourcing Network (Red de Abastecimiento Responsable) afirma que el gobierno uzbeco aún no ha hecho lo suficiente.

"Lo que pedíamos para levantar el boicot era que el gobierno invite a una misión de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) para que observe la situación en el terreno", dice Valentina Gurney, encargada del programa dedicado al algodón de esta organización, "pero a pesar de nuestra insistencia, eso no ha sucedido".

El trabajo forzado existe en otros países, pero, según Gurney, Uzbekistán es el único país en que es orquestado por el gobierno.

De acuerdo con el Comité Internacional Consultivo del Algodón (ICAC por sus siglas en inglés), Uzbekistán produce un 4% de la producción mundial de algodón, y un 10% de las exportaciones. Además, el algodón ocupa el 45% del total de las exportaciones del país.

Durante décadas el llamado oro blanco también ha tenido gran importancia cultural.

Los uzbecos, desde niños, aprenden a esperar con ilusión la época del año conocida simplemente como "patha" (algodón). La cosecha se presenta como una oportunidad para colaborar con la prosperidad del país.

Y a Malvina le esperan más de estas "oportunidades", ya que la clínica donde trabaja firmó un acuerdo de cooperación rural para los próximos cinco años.

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