Asia

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21 de enero de 2013 • 07:15 PM

En China, existen señales de que podría terminar política de un hijo

 

China estaría considerando flexibilizar su dura política de un hijo debido a mujeres como Hu Yanqin, quien vive en un pueblo en el límite del desierto de Gobi.

Cuando Hu se casó con un trabajador de la construcción siete años atrás, sabía que iba a tener sólo un hijo, aunque el área en la que reside, la región de Jiuquan en la noroccidental provincia de Gansu, es uno de los poco lugares en China en los que desde 1985 se permite tener dos niños.

"Las personas que tienen dos niños son los que están mejor económicamente", dijo Hu, de 32 años, cuando dejaba a su hijo de 6 años en el jardín de infantes. "La mayoría de la gente en mi pueblo tiene un niño", agregó.

Activistas a favor de reformar la política de un hijo en China usan a Hu y a millones de mujeres como ella como evidencia de que flexibilizar la ley no llevará a un incremento en los nacimientos del país más poblado del mundo.

Jiuquan tiene una tasa de natalidad de 8 a 9 por 1.000 personas, más bajo que el promedio nacional de aproximadamente 12 nacimientos por 1.000 personas.

La política, implementada desde 1980 junto a otras reformas que llevaron a rápida expansión económica, es vista cada vez más como un obstáculo para el crecimiento y un presagio de problemas sociales.

La fuerza laboral del país, en unos 930 millones de personas, comenzará a declinar en el 2025 a una tasa de 10 millones de personas por año, muestran proyecciones. Mientras tanto, la población anciana del país llegará a 360 millones para el 2030, desde unos 200 millones de personas en el 2013.

"Si esto sigue así, no habrá contribuyentes, ni trabajadores y nadie que cuide a los ancianos", dijo Gu Baochang, un profesor de demografía en la Universidad Renmin.

El principal estadístico de China, Ma Jiantang, dijo el viernes pasado que el país debería analizar "una política familiar adecuada y científica" luego de que datos mostraron que la población en edad de trabajar, de 15 a 59 años, cayó por primera vez.

La política de un hijo cubre a un 63 por ciento de la población y Pekín afirma que evitó 400 millones de nacimientos desde 1980.

El no respetar la ley puede resultar brutal. Las parejas que no cumplen las leyes de planificación familiar son, como mínimo, multadas, algunos pierden su trabajo, y en algunos casos las madres son obligadas a abortar o a ser esterilizadas.

Meses atrás, una mujer con siete meses de embarazo fue obligada a abortar, lo que generó muestras de indignación en internet en China y la condena internacional.

Pero la evidencia se ha acumulado por años de que la política sería innecesaria para controlar el crecimiento de la población.

Un desequilibrio en la proporción entre los géneros es otro efecto negativo de la política.

Como en muchos países asiáticos, China tiene una tradicional preferencia por hijos varones. Muchas familias abortan a los fetos femeninos o abandonan a las bebés para asegurarse de que su único hijo sea varón, por lo que nacen 118 niños por cada 100 niñas, contra un promedio global de 103 a 107.

"Una gran parte de los hombres de China no podrá encontrar pareja (...) y eso será un factor principal de inestabilidad social", dijo Tian Xueyuan, uno de los autores de la original política de un hijo, a líderes del partido gobernante casi una década atrás, según comentó a Reuters.

(Editado en español por Patricia Avila)

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