El titular de la Organización de Estados Americanos (OEA) explicó en una conferencia que la Carta, que se aplicó por primera vez el pasado 4 de julio en el caso de la suspensión de Honduras del organismo interamericano, "tiene sus limitaciones".
El secretario general se refirió a dos limitaciones en concreto.
La primera es que los Gobiernos "tienen buen acceso a la Carta, mientras que otros actores de la sociedad no lo tienen". Eso significa que el Ejecutivo está mejor protegido a través de ese documento que otros poderes del Estado.
La segunda limitación es la referencia al caso de que se produzca una ruptura del orden democrático o una alteración del orden constitucional y eso afecte gravemente a la democracia de un Estado.
A juicio de Insulza, habría que definir mejor y de manera más ajustada lo que es una grave ruptura del orden constitucional y democrático en un país miembro.
El ex ministro chileno afirmó que hay varios asuntos que podrían incluirse en esta categoría, como la violación de la integridad de instituciones centrales, la separación de poderes, elecciones que no cumplen los estándares internacionales, la suspensión de comicios periódicos o la falta o el retraso de resultados, entre otros.
"Es hora de debatir su contenido y limitaciones, porque las tiene", admitió Insulza, quien enfatizó, no obstante, que "la Carta está bien considerada" y "ha sido un gran éxito".
"Probablemente podría ser discutido en este momento o después de la crisis (de Honduras) cómo mejorarla", señaló.
Esta no es la primera ocasión que el titular de la OEA propone mejorar la Carta Democrática Interamericana, que fue suscrita el 11 de septiembre de 2001 en Lima (Perú).
Hace dos años propuso en un informe ampliar la Carta de manera limitada para que otros poderes del Estado, además del Ejecutivo, pudieran basarse en ella e invocarla cuando procediese.
Eso podría incluir, por ejemplo, el Congreso, aunque siempre dentro del marco de la legalidad.
De acuerdo con Insulza, la Carta, imperfecta como admitió el secretario general de la OEA, tiene implicaciones políticas más profundas y podría no resultar fácil reformarla.
La Carta es, en definitiva, un equilibrio o un compromiso entre los valores democráticos y el concepto de la no intervención, explicó y agregó que "tendría que ser enriquecida por la experiencia de todos estos años" de la OEA. EFE cae/pmc

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