Internacional
Por C. Bryson Hull
KERICHO, Kenia (Reuters) - Los administradores de las grandes plantaciones de té del Valle del Rift en Kenia dicen que deberían de superar la violencia política y étnica que tiene a su mano de obra como blanco, pero para los casi 20.000 empleados que se vieron forzados a huir eso es poco consuelo.
Los desplazados representan un tercio de los 70.000 trabajadores del cultivo de mayor rentabilidad en el corazón de la región productora de té de la nación del este africano, una franja húmeda y verde del oeste del Rift.
Sin embargo, en lo que debe ser una de las únicas veces en la historia en la que los granjeros se sienten afortunados por la sequía, ahora son pocos los trabajadores que se necesitan, ya que el té padece de su peor falta de lluvia en 25 años.
"Afortunadamente, este malestar político se ha dado cuando hay sequía, donde la producción ya ha bajado," dijo Titus Kuria, presidente de la Asociación de Productores de Té de Kenia, que representa a las grandes plantaciones.
"Si para marzo, cuando venga la lluvia, la situación política no es estable, entonces los trabajadores no regresarán y perderemos buena parte del cultivo," dijo. "Los precios obviamente subirán," agregó.
Al igual que en otras zonas del Rift, donde tribus de otros lugares se han instalado para trabajar o cultivar, las verdes extensiones de los campos de té de Kericho fueron presa de la violencia después de que el presidente Mwai Kibaki fue declarado ganador de unas disputadas elecciones.
Lo que ha hecho que los trabajadores huyan por su seguridad ha sido la mortal combinación de antagonismo político y animosidad étnica. Las tribus kalenjins locales ahuyentaron a los kisiss y a un puñado de kikuyus que trabajan en las fincas de té.
"Los kalenjins no los quieren," dijo el peluquero Kimutai Kigen.
"La gente aquí se siente en desventaja, porque las tribus de otro lugar que vienen aquí para recoger hojas de té viven en mejores condiciones que ellos. Ellos no pagan alquiler en casa de la compañía, obtienen beneficios.," añadió.
Y se percibe una sensación de venganza, dijo Kigen, porque los jóvenes kisii, partidarios de Kibaki, atacaron al líder opositor William Ruto, un kalejin al que los refugiados culparon por organizar los ataques contra otras tribus en el Rift.
Ruto, quien primero llegó al escenario político como el tesorero de un grupo de jóvenes al que se le adjudicaron ataques similares antes de las elecciones de 1992, ha negado haber obrado mal.
'TRABAJEN PARA KIBAKI'
"Cuando vinieron tras nosotros nos dijeron 'Vayan a trabajar con Kibaki,"' dijo a Reuters el recolector de té Jared Obonyo, uno de los varios cientos de kisiis que refugió en el parque Moi de Kericho mientras buscaba cómo volver a su casa.
El primer signo de problemas apareció, según dicen los trabajadores, cuando el líder opositor Raila Odinga habló en Kericho a comienzos de la campaña.
"Les dijo a los kalenjins que si ganaba, reduciría el número de personas blancas y dividiría las plantaciones de té y se las daría a ellos," dijo el recolector Andrew Maticha, quien buscaba leña para una fría y húmeda noche en la que dormirá en el suelo.
Las promesas que avivan las disputas étnicas han sido la constante en la política de Kenia desde que el ex presidente Daniel Arap Moi las instrumentó como parte de una estrategia para dividir y conquistar, lo que lo mantuvo en el poder desde 1978 hasta 2002.
Kericho evitó en gran medida los serios derramamientos de sangre que hasta ahora ha dejado al menos a 650 muertos en todo el país, dicen los residentes.
Pero las historias que cuentan son las mismas que las de los otros que han sido blanco del mar de destrucción que ahora es el Rift: atacantes que llegan en grupos entonando canciones de guerra kalenjin, portando arcos, flechas y machetes, y que dan a elegir: la huída o la muerte.
Luego los asaltantes toman lo que quieren del interior de las casas y les prenden fuego.
Algunos de los saqueos tuvieron lugar dentro de las extensas plantaciones de té, incluyendo a las que le pertenecen a las subsidiarias de Unilever, Unilever Tea Kenya Ltd. y Brooke Bond.
Pero la mayor parte del daño la sufrieron las viviendas de los trabajadores, las instalaciones de almacenamiento y equipamiento, mientras que las fábricas de procesamiento de hojas quedaron en gran medida intactas, dijeron funcionarios de la industria.
El director general de Unilever Tea Kenya, Richard Fairburn, quien administra la mayor plantación de té de Kenia, dijo que la compañía había perdido una gran cantidad de dinero en daños a edificios y equipamiento.
"Hemos vuelto a la producción, las fábricas están funcionando, podemos recolectar toda la cosecha, de modo que básicamente hemos vuelto a la normalidad," dijo Fairburn a Reuters.
En James Finlay, el segundo mayor productor de té de Kenia, no se registraron daños y la producción se ha reanudado a pesar de haber estado cerca del peligro, dijo el ejecutivo financiero Paul Wythe.
"En un momento, unas 1.000 personas llegaron a nuestra propiedad, el gerente administrativo salió y habló con ellos en medio de la noche para calmarlos," dijo Wythe.
En los últimos cinco días, plantaciones pequeñas han estado llevando su té para procesarlo, lo que se considera como otro signo de normalidad, aseveró.
Wythe dijo que un puñado de trabajadores había expresado su deseo de irse. "Les hemos pedido que lo piensen, y les hemos garantizado su seguridad," afirmó.
Pero los trabajadores no están tan seguros: "Recogeremos nuestra paga y nos iremos a casa," dijo Obonyo.
(Editado en Español por Marion Giraldo)
(Mesa de Edición en Español +562 4374447)
Terra/Reuters