Controversia
Las declaraciones del líder de la Iglesia anglicana, Rowan Williams, que juzgó "inevitable" la introducción en Gran Bretaña de la sharia, la ley islámica, provocaron gran revuelo y el rechazo de representantes de todo el espectro político de este país.
En un discurso el jueves por la noche sobre la ley civil y religiosa en el Alto Tribunal de Justicia, el Arzobispo de Canterbury respaldó la introducción de la sharia para mejorar las relaciones con la comunidad musulmana.
El primado anglicano había adelantado, en una entrevista con la BBC el jueves por la mañana, antes de su conferencia, que los musulmanes no deberían tener que elegir "entre su lealtad al Estado y su lealtad cultural".
El arzobispo dejó claro que la aplicación de la sharia se limitaría a algunos aspectos de la vida cotidiana.
"Nadie en su sano juicio quiere ver en este país el tipo de inhumanidades que a veces se asocia a la práctica de la ley en algunos Estados islámicos", como las lapidaciones o el tratamiento de la mujer, afirmó Williams.
Pero el alboroto provocado por esas declaraciones no ha hecho más que crecer, acaparando programas en televisiones y radios donde políticos de todos los partidos y comentaristas expresan su indignación.
El primero en saltar a la palestra fue el primer ministro Gordon Brown, que declaró por boca de su portavoz que "las leyes británicas se han de inspirar en valores británicos".
Terra/AFP
