América Latina
Por Paulina Modiano,
SANTIAGO (Reuters) - "Todo tiene su tiempo, y todo lo que se quiere debajo del cielo tiene su hora," dice el libro de Eclesiastes del Antiguo Testamento.
"Tiempo de nacer, y tiempo de morir; tiempo de plantar, y tiempo de arrancar lo plantado."
¿Ha llegado el tiempo de morir para Ingrid Betancourt, secuestrada por las FARC hace seis años, y mediante ese desliz despojar a su cuerpo del cautiverio y alcanzar su libertad?
Las noticias corridas en las últimas semanas son alarmantes y contradictorias, así como los movimientos que se han dado en torno a ellas.
CONTRADICCIONES
Entre reacciones y contrarreacciones, quizás la más sorprendente ante la eventual fragilidad de la vida de Betancourt, afectada por una hepatitis B y otros males, ha sido la del propio presidente colombiano, Alvaro Uribe.
Uribe es un duro, que nunca ha renunciado a derrotar militarmente a la guerrilla, pero que ahora incomprensiblemente está dispuesto a liberar casi sin condiciones a unos 500 prisioneros de las FARC a cambio de unos 40 rehenes que se consideraban canjeables.
Interpretaciones ante el cambio de su postura hay muchas, sobre todo porque en el último tiempo ha logrado asestar duros golpes militares a la FARC.
Hay quienes creen que, sencillamente, no podría volver a dormir tranquilo si la ex candidata, llevada a la fama por sus propios plagiadores al retenerla cuando sus posibilidades presidenciales en la campaña del 2002 no eran de más del 1 por ciento, muriera en cautiverio.
Otros, con un mirada más fría, afirman que la fuerte popularidad de Uribe se vería mermada por la muerte de Betancourt y otros rehenes, lo que le dificultaría acceder a un tercer mandato consecutivo aún no confesado.
Para las FARC, que han mantenido una guerra interna por 40 años en Colombia, la perspectiva de la muerte de su prisionera "estrella" tampoco es fácil.
Debilitados militarmente por el deceso de algunos de sus líderes, una fuerte fuga de sus combatientes y cada vez más impopulares internacionalmente por sus métodos y su vinculación con el narcotráfico, el fallecimiento de Betancourt les restaría una carta de negociación para lo que parece haberse convertido en su mayor aspiración: ser reconocidos como "fuerza beligerante" y no como "grupo terrorista."
TIEMPO EN CONTRA
En el intertanto, Francia, directamente involucrada en el conflicto por la doble nacionalidad franco-colombiana de Betancourt, ha ofrecido enviar los más pronto posible una misión humanitaria, incluyendo un médico, para visitar a la rehén, aunque no hay indicios de que las FARC darán su autorización.
Incluso, hay quienes afirman que las posibilidades de su liberación por razones humanitarias, independientemente de su condición física, abortaron desde que el Gobierno colombiano, en una incursión militar en territorio ecuatoriano, acabó a inicios de marzo con la vida del segundo hombre de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC).
El tiempo corre en contra de ambos bandos. Porque nadie piensa que la muerte de uno o más rehenes representará una victoria para sus respectivas causas.
Más bien, hará razonar sobre las conciencias, como ocurre cada cierto tiempo, lo que el derecho internacional catalogó hace décadas como los peores delitos contra la humanidad: la tortura y el secuestro, que no necesariamente culminan con la vida del prisionero, sino que la someten a un oprobioso sufrimiento que no tiene prescripción, al menos moral.
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Terra/Reuters