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La plana mayor de la derecha italiana, presidida por Silvio Berlusconi, Gianfranco Fini y Umberto Bossi, vencedora de las elecciones legislativas del domingo y lunes, compareció este miércoles en Roma ante la prensa para ilustrar el futuro de Italia.
"Será un equipo de 60 personas, entre ministros, viceministros y subsecretarios", promete con notable satisfacción Berlusconi desde la mesa de conferencias instalada en una pequeña y elegante sala a la entrada de su residencia privada de Roma, Villa Grazioli.
Frente a un nutrido grupo de reporteros, camarógrafos y periodistas de todos los medios de prensa, los tres líderes, acompañados por el siciliano Raffaele Lombardo, del movimiento por la autonomía de Sicilia (sur), otro gran vencedor de los comicios con 65% de los votos en esa región, intentan dar una imagen coherente, unida y estable pese al anuncio de "tiempos difíciles" para los italianos.
"Rescatar al país nos viene del corazón, pero para lograrlo tendremos que adoptar medidas impopulares", repitió Berlusconi.
¿Cuáles serán esas medidas? le pregunta un veterano periodista en busca de nuevos elementos para desgranar el perfil del nuevo gobierno, formado con los postfascistas de Alianza Nacional liderados por Fini y los xenófobos de Bossi.
"Cortaremos los privilegios dentro de la administración pública", resume rápidamente Berlusconi sin dar más detalles.
La presencia casi silenciosa de Bossi, el hombre fuerte del futuro gobierno, pese al ictus que sufrió en el 2004 que le impide pronunciar claramente las palabras, confirma que el programa sellado con el aliado se cumplirá.
"Vamos a realizar las reformas que anunciamos. El pueblo nos eligió para ello. El federalismo fiscal se adoptará", balbucea Bossi.
El hombre que duplicó su caudal electoral llegando a tres millones de votos, 'robando" inclusive el apoyo de obreros comunistas de zonas tradicionalmente "rojas" como la Emilia Romaña, en donde alcanzó un histórico 7%, es conocido por su estilo crudo y franco y un programa político a su imagen y semejanza.
"Basta de impuestos, basta de centralismo de Roma, defiende lo tuyo y fuera los inmigrantes clandestinos" es su lema.
La víspera, en la primera conferencia de prensa tras su victoria, Berlusconi se apresuró a ratificar la temida ley para la inmigración Bossi-Fini, adoptada en el 2002 durante su segundo gobierno.
"Cerraremos las fronteras, abriremos más campos de detención para identificar a los extranjeros sin empleo y devolveremos a los inmigrantes clandestinos de fuera de Europa a sus países de origen", anunció el futuro jefe de gobierno.
Sentado sobre dos cojines rojos, mientras sus aliados, mucho más altos, contaban con uno, Berlusconi no dejó de soltar un chiste para hacer honores a su estilo de hombre simpático, desenvuelto y abierto.
"Amo Italia, vuelo Alitalia, es el último eslogan que me inventé", reconoce bromeando mientras se niega "por respeto a las instituciones" a adelantar los nombres de su futuro gabinete.
"No logramos nada, antes de definir la lista van a pasar siglos", comentó luego Bossi, dejando entrever que no todo será tan simple como parece.
Terra/AFP