El Mundo
Muqtada al-Sadr está considerando la posibilidad de dejar de lado sus ambiciones políticas y reanudar la guerra contra las fuerzas de ocupación, en un giro que pondrá a prueba su influencia y podría desembocar en la creación de un verdadero estado, protegido por el poderoso Ejército Mahdi.
De tomar ese camino, algo que según legisladores y políticos es muy posible, sería una reacción a la presión del gobierno iraquí para que al-Sadr renuncie y disuelva su milicia chiíta.
Si se margina del proceso político, al-Sadr tendrá más libertad para crear una especie de estado paralelo con su propia milicia y servicios sociales, similar al que estableció Jezbolá en el Líbano, en la década del 80, con ayuda de Irán, según observadores.
Semejante perspectiva podría tener implicaciones desastrosas en momentos en que el Pentágono estadounidense planea el retiro de soldados y el primer ministro Nouri al-Maliki finalmente logra algunos progresos en la búsqueda de la reconciliación nacional.
"Muqtada ha demostrado mucha paciencia al no lanzar una guerra total con toda la presión que tiene encima", expresó Mohan Abedin, director de investigaciones del Centro para el Estudio del Terrorismo en Londres y experto en asuntos chiítas. "El Ejército Mahdi es de lejos la organización más fuerte de Irak. Puede causar enormes daños si va a la guerra".
Se calcula que el Ejército Mahdi tiene unos 60.000 miembros, incluidos al menos 5.000 comandos altamente capacitados, y se envalentonó con la resistencia que ofreció el mes pasado a una ofensiva de las fuerzas regulares iraquíes en Basora y otros sitios.
El movimiento de Al-Sadr controla los sectores chiítas densamente poblados de Bagdad y otras zonas, en las que está a cargo de servicios vitales, como la administración de clínicas, y maneja también el suministro de combustible.
Al-Sadr declaró el año pasado un cese al fuego que se considera contribuyó en buena medida a un declive de la violencia.
Pero el clérigo, quien pasó el último año en un seminario en la ciudad iraní de Qom, considera seriamente la posibilidad de suspender la tregua y desvincularse del bloque político que tiene en el parlamento, según figuras leales y políticos chiítas entrevistados por la AP a lo largo de las dos últimas semanas.
Al-Sadr tendría entonces libertad para disponer ataques del Ejército Mahdi contra blancos iraquíes y estadounidenses.
Entre las figuras que entrevistó AP hay legisladores de su bloque y miembros de partidos chiítas rivales, incluidos dos que vieron a al-Sadr en Irán recientemente. Todos pidieron permanecer anónimos por lo delicado de la situación.
"Ahora se habla más de armas y combates que de política", expresó un legislador del bloque sadrista. "En estos momentos, (Al-Sadr) solo se comunica con comandantes del Ejército Mahdi".
Una ofensiva del Ejército Mahdi podría tener consecuencias nefastas. Sus combatientes libraron feroces batallas con las fuerzas estadounidenses en el 2004 y fueron responsabilizados por ataques carreteros con bombas que mataron a una cantidad de soldados estadounidenses.
Los milicianos Mahdi también ofrecieron tenaz resistencia a las fuerzas regulares iraquíes en Basora el mes pasado y obligaron al gobierno a acordar una tregua supervisada por Irán.
No se sabe a ciencia cierta hasta qué punto los iraníes pueden estar influyendo en al-Sadr.
El clérigo, quien es un treintañero, estudia en Qom bajo la supervisión del ayatola Kazim al-Haeri, un esquivo religioso iraquí allegado a los sectores más intransigentes de Irán.
Washington acusa a Irán de ayudar a las milicias chiítas iraníes, algo que los iraníes niegan.
Al-Sadr hizo una serie de pronunciamientos recientemente en los que realzó su condición de jefe de la milicia que resistió la ocupación en el 2003.
En un comunicado difundido por internet el sábado dio al gobierno su "última advertencia" de que suspendiese su campaña, porque de lo contrario habría una "guerra abierta hasta la liberación".
Altos jefes militares del Ejército Mahdi, que hablaron a condición de permanecer anónimos por lo delicado del tema, aseguran que han recibido cargamentos de armas iraníes nuevas y de sofisticadas bombas para colocar en las carreteras, cohetes Grad y misiles antiaéreos portátiles.
Un comandante que se identificó con su apodo de Abu Dhara al-Sadri dijo que tenían decenas de milicianos dispuestos a lanzar ataques suicidas.
Legisladores sadristas le hicieron llegar a al-Sadr en Qom propuestas de acuerdos. La idea es calmar a al-Maliki para que dé marcha atrás con su amenaza de impedir que los partidarios de al-Sadr se presenten en las elecciones provinciales venideras si el clérigo no desmantela su ejército.
Allegados a al-Sadr dicen que el gobierno no ha respondido.
Una propuesta estipula la creación de un nuevo partido político sin lazos formales con el Ejército Mahdi. Otra permitiría que se presenten como independientes candidatos que simpatizan con al-Sadr pero no tienen vínculos directos con él.
Uno de los autores de estas propuestas, el clérigo moderado Riyadh al-Nouri, fue asesinado el 11 de abril en Nayaf, capital espiritual de los chiítas de Irak.
Legisladores y políticos le dijeron a la AP que el cambio de tono de al-Sadr responde en parte a su deseo de pasar a la historia como un líder nacionalista y al malestar derivado del arresto de cientos de partidarios suyos a pesar del cese al fuego unilateral.
En una conversación que mantuvo este mes en Qom con el ex primer ministro Ibrahim al-Jaafari, al-Sadr aseguró que jamás desmantelaría el Ejército Mahdi mientras haya fuerzas extranjeras en Irak, según políticos chiítas al tanto de lo que se habló.
Salah al-Obeidi, principal portavoz de al-Sadr en Irak, admitió que el clérigo y los iraníes tienen contactos estrechos y metas comunes. Destacó, no obstante, que al-Sadr no es el títere de nadie.
Terra/AP