América Latina
La sindicalista Altagracia Fuentes, quien fue asesinada el jueves, había advertido durante una asamblea de la Confederación de Trabajadores de Honduras (CTH) que moriría pronto.
"Para consolación de unos y tristeza de otros, ando con las tablas (ataúd) en la espalda, pero deseo dejar un buen ejemplo con mi actitud", dijo la mujer el 18 de abril en San Pedro Sula, a unos 180 kilómetros al norte de Tegucigalpa.
Fuentes concurrió a la asamblea como parte de los preparativos para las celebraciones del primero de mayo, Día del Trabajo.
Pero los asistentes consideraron una broma lo dicho por Fuentes. "Sus expresiones nos causaron gracia porque las consideramos una broma porque ese día cumplió años... y nos reímos", declaró el viernes el presidente de la Federación de Sindicatos de Trabajadores Nacionales, Mauro González.
Entretanto, el opositor Partido Nacional exigió al presidente Manuel Zelaya "poner fin al estado de terror que tiene sumergida a la población", tras criticar "su incapacidad para actuar en la ola de delincuencia que nos agobia".
En un comunicado, el partido condenó al gobierno por su "fracaso al no controlar la intolerable situación de criminalidad que enfrenta la nación", tras advertir que "el crimen contra Fuentes parece un caso de sicariato por razones políticas".
Fuentes, de 65 años, pertenecía al Partido Nacional y dirigía la más importante central sindical de Honduras que aglutina más de 30 sindicatos y unos 300.000 afiliados.
Fue asesinada el jueves a tiros por seis desconocidos cuando se transportaba en su vehículo por una carretera de la costa atlántica. Con ella murieron su chofer y otra mujer.
La policía busca a los pistoleros y aún no ha detenido a nadie.
De acuerdo a la policía, en Honduras operan desde 1986 alrededor de 30.000 pandilleros afiliados a las Mara Salvatrucha y La 18, temidas por la población.
Sus miembros son contratados con frecuencia por el crimen organizado para participar en acciones ilegales del tráfico de drogas y de personas, y perpetrar asesinatos, asaltos a mano armada y violencia
Terra/AP