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Miles de trabajadores mexicanos marcharon en esta capital bajo la consiga de rechazar una reforma a la ley laboral y a la privatización del petróleo, en una celebración en la que por segundo año consecutivo el presidente Felipe Calderón se mantuvo al margen.
"Lo que ha funcionado bien debe respetarse, las normas laborales pueden cambiarse para los nuevos tiempos, pero no así los princicios. Jamás, ni por injusticia ni por omisión, los trabajadores renunciaremos a nuestras legítimas conquistas", dijo Antonio Reyes, vicepresidente del Congreso del Trabajo.
A diferencia de los tiempos del Partido Revolucionario Intitucional (PRI), que gobernó durante 71 años (1929-200), cuando el presidente encabezaba esta celebración, Calderón, del Partido Acción Nacional (PAN derecha), decidió desde que llegó al poder en diciembre de 2006 no participar en estos actos.
"La conmemoración del día del trabajo es una fecha de altísimo significado para el gobierno de la República, pero no una celebración oficial", dijo el jueves en una declaración el ministro del Trabajo, Javier Lozano.
Este 1 de Mayo los obreros del país llegaron desorganizados y divididos a realizar mitines separados en el Zócalo, principal plaza de la capital mexicana.
El líder del Congreso del Trabajo, que agrupa a las principales organizaciones sindicales mexicanas, Martín Esparza, llamó a organizar la resistancia civil pacífica contra la reforma energética, presentada en abril pasado por Calderón.
Por su parte el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación se manifestó contra la ley del Instituto de Seguridad y Servicios Sociales, aprobada el año pasado, y contra la que miles de maestros han presentado un recurso legal para evitar cumplirla.
Líderes de otros gremios como los mineros, telefonistas, médicos y enfermeros, trabajadores unversitarios y maestros, defendieron los derechos laborales y pidieron la recuperación de los salarios, la defensa de los contratos colectivos de trabajo y la soberanía sindical.
Terra/AFP