América Latina
Por Nicolás Misculin
BUENOS AIRES (Reuters) - Los productores rurales argentinos, convertidos en el sector de mayor confrontación con la presidenta Cristina Fernández, lanzaron el miércoles una nueva huelga comercial tras protagonizar una dura protesta en marzo que hundió al Gobierno en una crisis política.
Tras semanas de diálogo fracasaron definitivamente las discusiones para revertir una modificación al esquema de impuestos a las exportaciones de granos anunciada en marzo por el Gobierno, que enfureció a un sector que denuncia ser discriminado desde hace años.
La protesta consistirá en suspender la venta de granos para la exportación -uno de los mayores motores de la economía local- pero sin bloquear carreteras para evitar el desabastecimiento de alimentos básicos que se registró en el reclamo anterior de marzo, dijeron las entidades del campo.
Sin embargo, un grupo de productores de la provincia esteña de Entre Ríos, uno de los más combativos durante la protesta de marzo, ya decidió bloquear a partir del jueves el paso de los camiones que intenten cruzar la carretera 14, central para el tránsito terrestre con los países vecinos.
El líder sindical de la Federación Agraria Argentina de esa zona, Alfredo De Angeli, dijo: "La lucha es larga y no vamos a aflojar (...) Si la presidenta quiere que estemos más días, vamos a estar más días."
En distintos puntos del país otros miles de productores se encuentran apostados a los costados de las carreteras decidiendo los pasos a seguir.
El jefe de Gabinete, Alberto Fernández, pidió el miércoles cordura a los dirigentes rurales tras el anuncio.
"Todo esto es un delirio. Yo propongo recuperar la razón, recuperar la cordura (...) Esta historia termina con este nuevo gesto de intemperancia," dijo Fernández a Radio 10.
"Debemos ser más sensatos. Y se los dice alguien que ya a esta altura siente que ha pecado de estúpido por confiar en ellos (...) Me hubiera encantado poder seguir negociando," agregó.
CONFLICTO Y CRISIS
El nudo del conflicto es un cambio en el impuesto a las ventas externas de granos y subproductos aplicado en marzo, que en la práctica elevó la carga sobre la soja, el mayor bien de exportación del país.
La huelga comercial de marzo bloqueó totalmente decenas de carreteras argentinas, desabasteciendo grandes centros urbanos e impidiendo el paso de camiones con otro tipo de mercaderías y hasta buses con pasajeros.
Ese escenario sumió al Gobierno en una crisis que forzó la renuncia del ex ministro de Economía, Martín Lousteau, autor del cambio en el esquema de impuestos, y hasta generó protestas de miles de personas en algunas ciudades en apoyo a la posición del sector agropecuario.
La presidenta apostó en un primer momento a ponerse al frente de la pelea, con agresivos discursos públicos contra el sector agropecuario, aunque luego se alejó y dejó las negociaciones al jefe de Gabinete.
Con el correr de los días, la mandataria quedó atrapada en una crisis política a sólo cuatro meses y medio de asumir, con una fuerte caída en su popularidad, según sondeos.
Al igual que en las últimas semanas, los mercados financieros argentinos cayeron el miércoles por el conflicto, mientras que las principales plazas internacionales de granos registraron alzas por el anuncio de paralización de las exportaciones de la nación sudamericana.
(Reporte adicional de Lucas Bergman, César Illiano, Karina Grazina, Damián Wroclavsky y Walter Bianchi, Editado por Silene Ramírez y Patricia Vélez)
Terra/Reuters