Estados Unidos
Hillary Rodham Clinton comenzó su campaña presidencial armada de talento, tenacidad, fama, dinero, buenos contactos y un equipo que sabía cómo darle la victoria.
Mucha gente creyó que Clinton tenía asegurada la nominación demócrata. Su fracaso en conseguirla podría haber sido consecuencia de que ella también se lo creyó.
Clinton tenía un gran problema desde el principio: 40% o más estadounidenses dijeron que nunca votaría por ella. Es una figura demasiado polarizadora: O se le quiere o se le odia.
Ella superó ese obstáculo estado por estado, demostrando tener las agallas que le merecieron el valioso caudal político de ser admirada solamente.
Hombres blancos, obreros, demócratas conservadores y como sea que se divida al electorado, Clinton atrajo a muchas de esas personas a su campaña después de todo, y redujo las filas de los que odiaban a Hillary.
Aquellos votantes, cuya principal prioridad era terminar la Guerra de Irak comenzaron a preocuparse más sobre la economía. Ese fue una variante que le dio fuerza a Hillary, a costa de su rival, Barack Obama.
Pese a todo eso, su campaña está contra las cuerdas. Clinton sigue luchando por un premio que muchos creen que no podrá ganar.
La suerte de Clinton subió y bajó como si se tratase de una fiebre: Había bajado en Iowa, y subió en Nueva Hampshire y bajó en Carolina del Sur.
A continuación, después de una final difícil con Obama en el llamado Super Martes, sufrió una serie de derrotas de las que, mucho antes que Clinton se diera cuenta, Obama ya había sacado una gran ventaja en el conteo de delegados. Incluso con las victorias que acumuló en los estados grandes, Clinton no logró recuperarse.
Clinton dijo en una oportunidad que ella es la persona más famosa que nadie conoce, insinuando que los estadounidenses en realidad no la conocen.
Dieciséis meses después de iniciar su campaña electoral, sentada cómodamente según un video difundido por internet, se mantiene la interrogante de si la gente llegó en realidad a descubrir a la auténtica Clinton.
¿Es la mujer que bebe whisky con los trabajadores en Indiana? ¿O la candidata que estuvo al borde de las lágrimas en Nueva Hampshire? ¿Es la tecnócrata que defendió la reforma del seguro de salud o la populista que desacredita a los elitistas que no se dan cuenta de su medio?
"Ellos saben que puedo tomar decisiones", destacó en Nueva Hampshire, "pero también quiero que sepan que soy una persona de verdad", agregó.
Aún los simpatizantes de la senadora de Nueva York opinan que ella está dispuesta a decir cualquier cosa para ganar, o representar a cualquier otra persona.
Esas son algunas de las paradojas y oportunidades perdidas que serán examinadas cuando surjan todos aquellos aspectos de la campaña de Clinton.
Por ahora, se sabe que tenía planeado asegurarse la nominación presidencial para principios de febrero. Eso parecía un plan coherente en 2007 pero no tenía un plan alternativo si eso no funcionaba en 2008.
David Gergen, un importante asesor para una serie de presidentes de ambos partidos, piensa que ella no tuvo el apoyo que mereció de su equipo de campaña, citando "errores de negligencia".
Cualquier campaña corresponde a una combinación de los errores que cometió el perdedor, de los aciertos del ganador y a la casualidad.
¿Fueron los causantes algunos de los comentarios desaforados que hizo su esposo Bill Clinton?
¿Acaso fueron las elecciones adelantadas de Florida y Michigan sin autorización del partido, en una movida para asegurarle delegados en dos estados grandes que la favorecían?
Preguntas como esas caen en el mismo saco donde yace la interrogante de si la candidatura de Nader perjudicó a Al Gore en su intento de ganar la presidencia en el 2000.
Los periodistas de Associated Press Jim Kuhnhenn y Nedra Pickler contribuyeron para este artículo.
Terra/AP